Hoy se conmemora la festividad de la Exaltación de la CRUZ, esta mañana había pensado escribir algo sobre esta festividad, pero unas horas después me dije: ¿Por qué no volcar a este blogs lo que ya tengo escrito sobre la Cruz? y este es el resultado, espero guste, es el fruto de un estudio que realice en el 2015.
LA CRUZ ES EL CAMINO
PRÓLOGO
"La CRUZ es camino, o, el camino es la CRUZ", es una
recopilación de información compuesto en parte por informaciones extraídas de
diversas páginas publicadas en internet, por aportaciones del autor y del
Diccionario Enciclopédico de Exégesis y Teología Bíblica.
He tratado de recoger datos dispersos
para que por medio de su recopilación, obtener una información lo más acertada
y amplia sobre el significado de aquella respuesta de Jesús: “.... El que
quiera seguirme, que tome su cruz y me siga”.
Es, cargar nuestros problemas o
dificultades de la vida diaria de índole personal, familiar y añadir o asimilar
las dificultades y calamidades de esta humanidad tan convulsa; es ver y vivir
al cristo íntimo y personal de cada uno de los habitantes de este planeta lleva
en sí mismo, amándonos, ayudándonos y siendo solidarios.
Es necesario conocer
la cruz de Cristo para que, podamos reconocer y amar nuestra propia cruz,
transformándonos en cruces luminosa, cruces de vida y amor, cruz para
glorificar al Padre en nombre de su muy amado hijo Jesucristo señor y redentor
nuestro.
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Historia
La causa de adoptar la cruz como símbolo cristiano vino
especialmente con la visión que el emperador Constantino tuvo hacia el año 312 d.C., dicha
visión fue anterior a su victoria en el puente Milvio. La visión de la cruz iba acompañada de las palabras “In hoc signo vinces”, que
significa “Con este
símbolo vencerás”. Entonces se empezó a denominar a los
cristianos “los religiosos de la cruz”.
El 3 de mayo del año 324 D.C., en Bizancio, (madre
del emperador Constantino I el Grande,) Helena de Constantinopla dice
haber encontrado en Jerusalén la cruz de
madera en la que murió Jesucristo.
El día 13 de septiembre del 335, tuvo
lugar en Jerusalén la dedicación y la consagración de las basílicas
constantinianas Iglesias del Santo Sepulcro y de la Resurrección: llamada la
del Martyrium, en el Gólgota y llamada también: al Crucem; y la
de la Anástasis, es decir: de la Resurrección.
En el año 614, el rey de Persia,
Cosroes, conquistó Jerusalén y se llevo consigo la reliquia de la Cruz, que fue hallada, según se
dice, también un 14 de septiembre.
el 3 de mayo del año 628, el emperador
bizantino Heraclio recuperó los trozos o reliquias de la cruz. (por esta causa en muchos pueblos se viene celebrando ese día se como
fiesta de las cruces)
Para evitar o prevenir futuros robos, la
Cruz fue
partida en tres trozos mayores, destinando uno de ellos a Roma, otro a
Constantinopla y el último se quedo en Jerusalén; el resto se partió en
infinidad de pedazos que se repartieron entre todas las iglesias del mundo,
conocida como "Veracruz" (La
verdadera Cruz).
En 1187 fue llevada la reliquias de la cruz a la batalla de Hattin (Galilea)
por el obispo de Belén, en esta batalla se perdió definitivamente, no sin que
antes se desparramaran algunas partículas por el mundo cristiano.
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Según manifiesta la historia, al
recuperar el precioso madero, el emperador Heráclito quiso cargar una cruz,
como había hecho Cristo a través de la ciudad, pero tan pronto puso el madero
al hombro e intentó entrar a un recinto sagrado, no pudo hacerlo y quedó
paralizado. El patriarca Zacarías que iba a su lado le indicó que todo aquel
esplendor imperial iba en desacuerdo con el aspecto humilde y doloroso de
Cristo cuando iba cargando la cruz por las calles de Jerusalén. Entonces el
emperador se despojó de su atuendo imperial, y con simples vestiduras, avanzó
sin dificultad seguido por todo el pueblo hasta dejar la cruz en el sitio donde antes era
venerada.
(El
Monasterio de Santo Toribio de Liébana, en España, alberga el mayor trozo de
madera de la Cruz de Cristo. En 1958 fue analizado mediante estudios
microscópicos por el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) y
se determinó que la madera era del árbol “cupressus sempervivens” pertenece a un ciprés abundante en
Palestina).
COMO ES LA SEÑAL DE LA CRUZ EN
LA IGLESIA ORTODOXA
LA IGLESIA ORTODOXA
Para los ortodoxos, al hacer la señal de
la cruz deben
juntar los tres primeros dedos de la mano derecha, pulgar, índice y medio,
doblando los otros dos, anular y meñique, hacia la palma de la mano.
Los tres primeros dedos les demuestran
su fe en la Santísima Trinidad, y los dos dedos doblados significan que el Hijo
de Dios bajó a la tierra siendo Dios y se hizo hombre, demostrando así sus dos
naturalezas, la divina y la humana.
Al inicial la señal de la cruz ponen
los tres dedos juntos en la frente para santificar su mente; en el pecho para
santificar los sentimientos interiores; en el hombro derecho, tiene su razón de
ser: “el Hijo está sentado a la
derecha del Padre”, y después en el izquierdo, para
santificar todas sus fuerzas corporales. Esta antiquísima manera de
persignarse, que aún se conserva en el seno de la Iglesia Ortodoxa, expresa de
manera sencilla la doctrina trinitaria.
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Cruz de la Iglesia Ortodoxa, utilizada
principalmente por la Iglesia Ortodoxa Rusa y la Iglesia Ortodoxa
Serbia.
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La cruz
se muestra en diferentes formas, tamaños y estilos, puede ser usada
como joyería o estar montada sobre edificios eclesiásticos. Es mostrada tanto
vacía como con el cuerpo de Cristo (corpus) fijo a ella, en este caso se llama crucifijo,
esta palabra en su sentido etimológico, denota un cuerpo fijado a una Cruz. Las descripciones católicas
son la mayor parte de las veces crucifijos, en orden de enfatizar el sacrificio
de Cristo. Muchas tradiciones evangélicas describen la cruz sin el corpus, interpretando que
esto expresa la fe en la resurrección por sobre al intervalo entre la muerte y
resurrección de Jesús.
Las cruces son
figuras prominentes en los cementerios cristianos, tanto grabadas en las lápidas
o como monumento funerario (estela). debido a esta relación con la muerte en
algunos países de cultura cristiana se plantan pequeñas cruces en lugares de muertes trágicas
(ej, accidentes de tránsito).
Las cruces han sido erguidas o talladas
en centros de cultos paganos como cimas de montañas o menhires para contrarrestar sus
influencias. En países católicos, las cruces
son frecuentemente instaladas en la cimas de las montañas, como la Cruz del Tercer Milenio en Coquimbo,
Chile, y así sea visible en toda el área alrededor.
La forma más conocida es la de la cruz con brazos iguales con pie más
largo, la cruz latina (por ser usada
prominentemente por la iglesia católica romana), en contraposición con la cruz
ortodoxa que tiene una segunda barra cruzada.
Otras formas de cruces cristianas
incluyen
Cruz de altar: Cruz sobre una base plana que le
permite estar sobre un altar.
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Cruz de San Andrés <X>: En forma
de X, es la forma de la cruz en que San Andrés fue martirizado, es el
símbolo nacional de Escocia.
Anj (
): Es el símbolo egipcio de la vida.
Tau (
): Es la forma de cruz que más frecuentemente usaban los romanos en sus
ejecuciones, también llamada cruz de San Antonio o crux commissa, es usada por los franciscanos.
Cruz Arzobispal: Cayado metálico
rematado en una cruz con dos barras, la superior de menor tamaño, empuñada por
los arzobispos en las procesiones de su diócesis
Cruz del calvario( ). Cruz montada sobre tres escalones
simulando al Gólgota. Usada en heráldica y en lápidas.
Cruz de San Pedro: Cruz invertida con la
barra horizontal más cerca del suelo que de el medio. fue en ella en la que se
crucificó a San Pedro.
Buena respuesta: La
cruz el elemento de tortura por excelencia de la antigua roma, tan cruel que la
dejaron de usar para usar otros tipos menos crueles de ejecución,: eso es para
unos, para otros escandalo, y maldición, para el católico es la puerta, por la
que pasa el HIJO DE DIOS, por cada uno de los seres humanos en su muestra
suprema de amor por todo aquel que le aceptan como su salvador, esa cruz tan
cargada de sufrimiento, tan cargada de sacrificio, nos dice que nuestro caminar
por la vida, es como el ultimo camino que hizo nuestro Señor, aceptándola, no
rechazándola, abrazándola en definitiva, y así ha sido y así es, esta vida es
para el católico el camino al calvario, un camino lleno de dolor, y sufrimiento
pero con la meta en el reino de Dios, mientras que muchos se escandalizan, el
católico ve mas allá de ese madero, y sigue los pasos de Jesús, como así nos lo
mandó, el que me quiera seguir tome su cruz y me siga, así para nosotros los
católicos es un símbolo cargado de realidad, y de amor... el amor que Dios nos
muestra hasta el punto de dejarse clavar por mi, y por ti para que tu y yo
tengamos vía libre hacia el Padre, al católico no le da miedo, al contrario
sabemos que la cruz es la puerta y también sabemos que a satanás y los suyos
ese símbolo le horroriza.
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Significado de la Cruz Bizantina
Por la Cruz vino
nuestra salvación. Los Bizantinos recuerdan que Cristo murió por nosotros
cuando vemos la imagen de la cruz (que representa al Señor crucificado), y nos
recuerda que Él ascendió de los muertos, cuando contemplamos el icono de Cristo
"no hecho por manos" (Eslavo: HepykyTBopeHoMy o6pa3b) en el manto (que representa al Señor
resucitado de la muerte).
Alabando al Señor
crucificado están dos ángeles que vuelan, con la inscripción entre ellos que
dice: "Los ángeles del Señor" (en Eslavo: AHrenw
rocnoRHw). En algunas
representaciones de la Cruz los Ángeles están sosteniendo una imagen de la
Santa Trinidad, pero por lo general los ángeles están simplemente sosteniendo
un manto, lo que indica su posición como mensajeros que sirven al Señor y que
esperan en Él.
La colgar a manera
de burla sobre la cabeza de Cristo. En este letrero fue inscrita la frase: "Jesús de Nazaret, Rey de los
Judíos", en hebreo, griego y
latín (abreviado como "INBI" en iniciales griegas, o las iniciales
latinas "INRI" en la tradición occidental). Esta frase ha sido
sustituida por la inscripción cristiana: "Rey de la Gloria" (Eslavo: L4apb
cnaBbI), situado debajo de
las rodillas de los ángeles. En el título de la placa se inscribe en las
iniciales «IC XC", siendo la primera y última letras del nombre de Cristo
en griego (en Griego.: Iisous Xristos, Eslavo Antiguo: Icoycb
Xpwcrocb; Nuevo Eslavo: Iwcycb
Xpwcrocb). Además, justo por
encima de los brazos de Cristo, vemos la inscripción: 'NIKA', que en griego
significa: "Cristo, vence". De acuerdo a la tradición bizantina, El
Salvador no lleva una corona de espinas (como en la tradición occidental), ni
es mostrado vivo sobre la cruz, ni en cualquier aspecto de sufrimiento, sino,
en un estado de reposo, humilde y pacífico, con la cabeza inclinada. También
tenga en cuenta que sus pies están clavados con dos clavos.
La
barra de en medio, es en la cual las manos de nuestro Señor fueron clavadas. En
las esquinas superiores vemos las representaciones del sol a la izquierda,
(Eslavo: conHga) y la luna a la
derecha, (Eslavo: nyHa), por: "El
sol se escondió su luz, y la luna se convirtió en sangre." (Joel 2: 31).
La inscripción: "Hijo de Dios" (Eslavo: CbIHb Boжіw)
se coloca a ambos lados de la cabeza de Cristo, y por debajo de sus brazos se
lee la inscripción: "Ante tu Cruz nos postramos, Soberano, y tu Santa
Resurrección, glorificamos" (en Eslavo: KpecTy TBoeMy
noKJIoMHfieMcfi BjiaRbIKo,
IN
cBfiToe BocKpeceHINe TBoe cnaBINMb). En el nimbo de Cristo está inscrita con las
letras griegas “o w v”, que
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significa: “El que es”, para recordarnos que Cristo es el mismo Dios que se
identificó con estas palabras a Moisés en el antiguo testamento.
Detrás del cuerpo de
Cristo, a cada lado encontramos una lanza (con la cual fue traspasado) y en una
caña, una esponja (que estaba empapada de hiel y vinagre y que le ofrecieron a
beber). La Lanza (izquierda) está indicada con "K" en Eslavo; que significa "Konwe", mientras que la esponja
(derecha) está indicada con "T" que significa "rpocrb" (que significa “junco” o
“caña”). En algunas cruces podemos ver en lugar de "T" la inscripción "r" que significa "ry6Ka" (esponja) en Eslavo. El cuerpo
de Cristo tiene sangre y agua que brota de su costado.
La barra superior de la cruz es la que contiene el letrero que
Pilato ordenó.
La barra inferior
inclinada es la base de los pies. En las oraciones de la novena hora, la
Iglesia compara la Cruz a un tipo de
equilibrio de la justicia:
"Entre dos
ladrones Tu Cruz demostró ser un
balance de la justicia: por qué uno de ellos fue arrastrado hacia abajo al
Hades por el peso de su blasfemia [lado hacia abajo], mientras que el otro fue
aligerado de sus transgresiones a la comprensión de la teología [lado hacia
arriba]. Oh Cristo Dios, gloria a Ti”.
La
ciudad de Jerusalén se representa en el fondo, porque Cristo fue crucificado
fuera de las murallas de la ciudad. Al pie de la cruz están las letras: "r r" para “el
monte Gólgota” (en Eslavo: ropa ronrocpbi), esta es la
colina a las puertas de la ciudad en la que Cristo fue crucificado. Por debajo
de los pies de Cristo están cuatro letras eslavas con las marcas de la
abreviatura: "M.J1.P.6.",
que significa: "El lugar de la calavera, donde estaba Adán" (en
Eslavo: Mecro no6Hoe paii 6bicrb). Escondido en
una cueva debajo de la tierra está “el cráneo de Adán” (según la tradición Cristo
fue crucificado precisamente en el mismo lugar donde fue enterrado Adán),
identificados con las letras:" r A "(en Eslavo: maga ARaMna).
Debemos, pues, recordar que nuestro padre Adán perdió el Paraíso a
través del árbol de la que erróneamente participó, Cristo es el nuevo Adán, nos
trae la salvación y el Paraíso a través del árbol de la Cruz.
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¿POR QUÉ LA CRUZ?
"Entonces aparecerá en el
cielo la señal del Hijo del Hombre" (Mt 24,30). La cruz es el símbolo del cristiano, que
nos enseña cuál es nuestra auténtica vocación como seres humanos.
Hoy parecemos asistir a la desaparición progresiva del símbolo de la cruz. Desaparece de las casas de los
vivos y de las tumbas de los muertos, y desaparece sobre todo del corazón de
muchos hombres y mujeres a quienes molesta contemplar a un hombre clavado en la
cruz. Esto no nos debe extrañar,
pues ya desde el inicio del cristianismo San Pablo hablaba de falsos hermanos
que querían abolir la cruz: "Porque
son muchos y ahora os lo digo con lágrimas, que son enemigos de la cruz de
Cristo" (Flp 3, 18).
Algunos afirman que es un símbolo maldito; otros que no hubo tal cruz, sino que era un palo; para muchos
el Cristo de la cruz es un Cristo
impotente; incluso hay quien enseña que Cristo no murió en la cruz. La cruz es símbolo de humillación, derrota y muerte para todos
aquellos que ignoran el poder de Cristo para cambiar la humillación en
exaltación, la derrota en victoria, la muerte en vida y la cruz en camino hacia la luz.
Jesús, sabiendo el rechazo que iba producir la
predicación de la cruz,
"comenzó a manifestar a sus discípulos que Él debía ir a Jerusalén y
sufrir mucho... ser matado y resucitar al tercer día. Pedro le tomó aparte y se
puso a reprenderle: '¡Lejos de ti, Señor, de ningún modo te sucederá eso!' Pero
Él dijo a Pedro: “¡Quítate de mi vista,
Satanás!¡...porque tus pensamientos no son de Dios, sino de los hombres!”
(Mt 16, 21-23).
Pedro ignoraba el poder de Cristo y no tenía fe en la resurrección,
por eso quiso apartarlo del camino que lleva a la cruz, pero Cristo le enseña que el que se opone a la cruz se pone de lado de Satanás.
Satanás el orgulloso y soberbio odia la cruz porque Jesucristo, humilde y obediente, lo venció en ella
"humillándose a sí
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mismo, obedeciendo hasta la muerte y muerte de
cruz”, y así transformo la cruz en victoria: "...por lo cual Dios le ensalzó y le dio un
nombre que está sobre todo nombre" (Flp 2, 8-9).
Algunas personas, para
confundirnos, nos preguntan: ¿Adorarías tú el cuchillo con que mataron a tu
padre? ¡Por supuesto que no!
1°. Porque mi padre no tiene poder
para convertir un símbolo de derrota en símbolo de victoria; pero Cristo sí
tiene poder. ¿O tú no crees en el poder de la sangre de Cristo? Si la tierra
que pisó Jesús es Tierra Santa, la cruz bañada
con la sangre de Cristo, con más razón, es una Cruz Santa.
2°. No fue la cruz la que mató a Jesús sino nuestros pecados. "Él ha
sido herido por nuestras rebeldías y molido por nuestros pecados, el castigo
que nos devuelve la paz calló sobre Él y por sus llagas hemos sido curados".
(Is 53, 5). ¿Cómo puede ser la cruz signo
maldito, si nos cura y nos devuelve la paz?
3°. La historia de Jesús no
termina en la muerte. Cuando recordamos la cruz
de Cristo, nuestra fe y esperanza se centran en el resucitado. Por eso para
San Pablo la cruz era motivo de
gloria (Gál 6, 14).
EXALTACIÓN DE LA CRUZ EN EL A.T y N.T.
Una vez más quiero destacar el valor
tipológico del AT con relación al NT. Aquí no se trata solamente de una
conexión tipológica, sino que además es citada literalmente por el NT.
Posiblemente, se trata de una historia
etiológica, creada para explicar el origen de la serpiente de bronce que
existía y recibía culto poco ortodoxo en el templo de Jerusalén hasta que
Ezequías la mando destruir: “El fue quien quitó los
altos, derribó las estelas, cortó los cipos y rompió la serpiente de bronce que
había hecho Moisés, porque los israelitas le habían quemado incienso hasta
aquellos días; se la llamaba Nejustán” ( 2 Re 18, 4)
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La
serpiente de bronce alzada sobre un asta: “Y
dijo Yahveh a Moisés: «Hazte un
Abrasador y ponlo sobre un mástil. Todo el que haya sido mordido y lo mire,
vivirá.»
( Nm 21, 8)
proporciona al cuarto evangelio un buen símbolo para expresar de una manera
plástica la fuerza salvífica y el poder curativo que brota de la cruz de
Cristo: “Y como Moisés levantó la serpiente en el desierto, así tiene que ser
levantado el Hijo del hombre, para que todo el que crea tenga por él vida
eterna.” (Jn 3, 14-15)
El versículo 6 narra
el castigo de Yahveh contra el pueblo: Envió
entonces Yahveh contra el pueblo serpientes abrasadoras, que mordían al pueblo;
y murió mucha gente de Israel
Las serpientes eran
venenosas; dado que su mordedura producía inflamación, el versículo 8 relata el
mandato de Yahveh a Moisés, expresión de que su petición ha sido escuchada: Y dijo Yahveh a Moisés: «Hazte un Abrasador y ponlo sobre un mástil.
Todo el que haya sido mordido y lo mire, vivirá.»
Es
llama “de fuego”.
El
versículo 9 nos dice que Moisés hizo lo que Yahveh le había sugerido: Hizo Moisés una serpiente de bronce y la puso en
un mástil. Y si una serpiente mordía a un hombre y éste miraba la serpiente de
bronce, quedaba con vida. El libro de la Sabiduría 16, 5-14 ofrece un
comentario al episodio, quitando a la imagen toda virtud mágica.
Como hemos dicho y
después explicaremos más detenidamente Juan ve en este hecho un tipo de Jesús
en la cruz (Jn 3, 14).
Es posible que su
origen se remonte a la catequesis primitiva de san Pedro: “Sepa, pues, con certeza toda la
casa de Israel que Dios ha constituido Señor y Cristo a este Jesús a quien
vosotros habéis crucificado.» (Hch 2, 36); “El ha enviado su Palabra a los
hijos de Israel, = anunciándoles la Buena Nueva de la paz = por medio de
Jesucristo que es el Señor de todos”
(Hch 10, 36).
2, 6-8: Humillación de
Cristo.
6 “El cual, siendo de condición divina, no
retuvo ávidamente el ser igual a Dios”
La
primera frase expresa el punto de partida de la humillación de Cristo: Siendo de condición divina (literalmente
“estando en forma de Dios”). Estando en esa
condición, no se aprovechó de su igualdad
con Dios. Ser igual a Dios significa sustancialmente lo mismo que ser de
13
condición divina, y hace referencia no
sólo al ser divino del Hijo de Dios sino a su condición de gloria propia de
Dios.
7 “Sino que se despojó de sí mismo tomando condición de siervo haciéndose
semejante a los hombres y apareciendo en su porte como hombre”
En
el v. 7 se expone el verbo principal: se
anonadó a sí mismo (lit. “se
vació a sí mismo”).
Usado aquí en un sentido absoluto,
equivale se humilló
totalmente. También puede entenderse
“se
despojó de algo que tenía”.
despojó de algo que tenía”.
Tomando la condición de esclavo. Con la palabra esclavo el himno quiere
expresar una forma concreta de hacerse hombre: en la total renuncia a los
honores, al poder, a la riqueza , en la humillación que lo lleva hasta la
muerte más ignominiosa. La condición de esclavo aparece en contraste con la
proclamación de Jesús como Señor, de la segunda parte del himno.
Haciéndose
semejante a los hombres y apareciendo en su porte como hombre; Pablo quiere
expresar con estas frases que Cristo se hizo igual a los demás hombres. La
humanidad de Cristo es como la nuestra, excepto en el pecado. Todas las
limitaciones físicas de la humanidad las sufre también Cristo. Algunas veces su
humanidad tan marcada, nos hace olvidar que esa humanidad es reflejo de la
divinidad.
8 “Y se humilló a sí mismo, obedeciendo
hasta la muerte y muerte de cruz.”
La humillación llegó
hasta el extremo: se hizo obediente hasta la muerte y una muerte de cruz. El
texto resalta el carácter libre de esa acción: se humilló a sí mismo haciéndose
obediente. La muerte en la cruz es la expresión suprema de la humillación,
especialmente para los ciudadanos romanos: muerte propia de esclavos y de
extranjeros.
Segunda
estrofa: Exaltación (2, 9-11).
“Por lo cual Dios le exaltó y le otorgó el Nombre, que está sobre todo
nombre.”
10”
Para que al nombre de Jesús = toda
rodilla se doble = en los cielos, en la tierra y en los abismos,”
1”
Y toda lengua confiese = que Cristo
Jesús es SENOR para gloria de Dios Padre.”
14
La exaltación de Cristo aparece como la
respuesta de Dios a la humillación libremente escogida por Cristo.
La
acción de Dios se describe con dos verbos: en primer lugar sobresaltó. El segundo aspecto de la exaltación es y le concedió el nombre que sobrepasa todo
nombre. La exaltación se simboliza ahora con la concesión de un nombre, no
de un nombre personal (Jesús) que ya tenía en su humillación, sino de un
“título” que expresa el nuevo estado en que se encuentra Cristo. Ese “título”
expresa la nueva realidad de Cristo glorificado, que le coloca por encima de
todos los demás seres.
Sin
duda se usa un lenguaje que recuerda a Is 45, 23, donde Yahveh se proclama como
único Dios, como único que puede salvar: “ Ante mí se doblará toda rodilla, por mí jurará toda
lengua”.
Los versículos 1-21
del capítulo 3 hablan del encuentro de Jesús y Nicodemo. El sentido de la
Liturgia de hoy no pide que hagamos un estudio o presentación de este diálogo,
sino que nos paremos un poco a reflexionar el significado de algunos
versículos, que hace relación con la Fiesta de hoy: La Exaltación de la Santa
Cruz. Quizá sea conveniente a hacer una somera presentación de todo este
diálogo para comprender mejor los versículos elegidos.
Nicodemo, seriamente
interesado por Jesús, aparece en escena como representante del judaísmo docto,
pero no quiere que sea conocida su simpatía por Jesús. Por eso acude a él de
noche. Existen en el diálogo-monólogo tres
fases. En la primera Nicodemo reconoce la autoridad de Jesús, basada en los
signos, que hace, pero Jesús reacciona diciendo que eso no es suficiente (Jn 3,
1-3). La segunda fase (Jn 3, 48) pone de relieve que lo esencial es aceptar a
Jesús como enviado, el revelador del Padre, procedente del mundo de arriba.
Para ello es necesario nacer de arriba, de lo alto, de Dios. Lo contrario es
considerar a Jesús desde las simples categorías o posibilidades humanas. El
nuevo nacimiento es obra del Espíritu y se realiza en el bautismo. Sin ellos no
hay salvación, ni vida, ni posibilidades de entrar en el reino. La tercera fase
(Jn 3, 9-21), que también comienza con el recurso a la incomprensión- recurso
muy utilizado por el evangelista-, se centra en describir cómo ha acontecido la
salvación: la iniciativa procede de Dios ( Jn 3, 16), se realiza por medio del
Hijo, que ha venido de su parte y que vuelve a él, a través de la
cruz-exaltación ( Jn 3, 14), y el hombre la hace propia, la rechaza, mediante
la fe o la incredulidad en
15
el enviado. Estudiaremos el versículo
14, muy apropiado para esta Fiesta y que ya ha sido como señalado e indicado en
la Primera Lectura
La
“elevación” de Jesús (Jn 3, 14) es la que constituye el reino, reinado o
señorío de la vida. En la elevación a la cruz va incluida la exaltación a la
gloria. En dicha elevación, el evangelista Juan acentúa las ideas siguientes:
la victoria sobre el príncipe de este mundo; la participación del hombre en
ella mediante la fe; la muerte en cuanto paso necesario y un aspecto parcial de
la elevación; la cruz no es el lugar de la máxima humillación, sino un aspecto
de la elevación. En este evangelio el fundamento de la teología o de la
reflexión teológica no es la cruz, sino el estar sentado a la derecha del
Padre; Jesús aparece como el vencedor de la muerte y el dador de la vida para
todos los que creen en él.
El Antiguo Testamento
habla del “árbol” que cambia las aguas amargas en dulces: símbolo del Árbol de
la Cruz. (Éxodo 15,22-16,1). En otro lugar nos recuerda que el Señor reprocha y
corrige a quienes ama y que la Divina Sabiduría es “árbol de vida a los que de
ella echan mano, y bienaventurados son los que la retienen.” (Proverbios
3,11-18). Nuevamente representa una referencia a la Cruz la cual es, tal como
proclama “para los llamados, ... poder de Dios y sabiduría de Dios.” (I
Corintios 1, 18-25)
Leemos
en el Antiguo Testamento la Profecía de Isaías que habla de la “Ciudad del
Señor” en donde habitan juntos gentiles y judíos y “vendrán humillados” y se
prosternarán a los pies de Dios y conocerán que “yo el Señor soy el Salvador
tuyo y el Redentor tuyo”, el Fuerte de Jacob.” (Isaías 60, 11-16) Aquí
encontramos la referencia directa a la Cruz delante de la cual nos
prosternamos. El mismo tema se expresa en el versículo del salmo que se repite
constantemente en estos oficios y que nos llama a “postraos ante el estrado de
sus pies” (Salmos 99, 5; 110, 1,etc.)
LA
EXALTACIÓN y GLORIFICACIÓN de la SANTA CRUZ
La Cruz de Cristo fue encontrada en el
siglo cuarto por Santa Elena, la madre del Emperador Constantino. Luego fue
tomada por los persas, más en el siglo séptimo el Emperador Heraclio la
recuperó, y en esta oportunidad fue elevada (o exaltada) en la Iglesia de la
Santa Resurrección en Jerusalén. Son estos dos grandes acontecimientos
históricos lo que conmemora la fiesta de la Exaltación de la Santa Cruz,
16
celebrada el día catorce de Septiembre.
Desde su elevación en Jerusalén en el siglo séptimo, la “elevación universal”
de la cruz de Cristo fue celebrada anualmente en todas las Iglesias del imperio
cristiano.
Cuando Constantino
decidió aliarse con los cristianos, perseguidos por sus rivales Magencio en
Italia y Licinio en Asia, es porque los cristianos ya eran mayoría en muchas
ciudades y minorías importantes, vivas y coordinadas en otras muchas. La
demografía cristiana ya había ocupado socialmente el imperio antes de
Constantino.
En el siglo VII
encontramos que se celebra la fiesta en Occidente: aquí traducen el griego hypsosis por exaltación (en griego: "Yq~waiS
Toú Tiµíou
fTaupoú; en latín: Exaltatio Sanctæ
Crucis), también conocida
como Triunfo de la Santa Cruz, es una fiesta religiosa de la Iglesia Católica,
de la Iglesia Ortodoxa y otras denominaciones cristianas.
El día siguiente, o
sea el 14, se expuso la reliquia de la Cruz, que fue hallada,
según se dice, también un 14 de septiembre. En ella se conmemora la Cruz en la
que fue crucificado Jesucristo. La fecha de esta celebración es el 14 de
septiembre.
Esta exaltación de la
cruz en Occidente está relacionada con la recuperación de la preciosa reliquia
que el rey de Persia, Cosroes, se había llevado consigo en el año 614 cuando
conquistó Jerusalén; el emperador bizantino Heraclio la recuperó el 3 de mayo
del año 628. (por esta causa en muchos pueblos se
viene celebrando ese día se como fiesta de las cruces)
La Iglesia Católica,
muchos grupos protestantes y ortodoxos celebran la fiesta de la Exaltación de
la Santa Cruz el 14 de septiembre.
Quien posee la cruz
posee un tesoro.
Cristo nos enseña que
la cruz es su exaltación, cuando dice: “Cuando yo sea elevado sobre la tierra,
atraeré a todos hacia mí”. Está claro, pues, que
la cruz es la gloria y exaltación de Cristo.
La cruz es llamada gloria y exaltación
de Cristo. El mismo Cristo nos enseña que la cruz es su gloria, cuando dice: “Ahora es glorificado
el Hijo del hombre, y Dios es glorificado en él, y pronto lo glorificará”. Y también: “Padre, glorifícame con la gloria que yo
tenía cerca de ti, antes que el mundo existiese”. Y asimismo dice: «Padre, glorifica tu
nombre». Entonces vino una voz del cielo: «Lo he glorificado y volveré a
glorificarlo».
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Si Cristo no hubiese
sido clavado en la cruz, no hubiéramos sido declarados libres, no
disfrutaríamos del árbol de la vida, el paraíso continuaría cerrado. Sin la
cruz, no hubiera sido derrotada la muerte.
La cruz significa a la
vez el sufrimiento y el trofeo del mismo Dios:
El sufrimiento, porque
en ella sufrió una muerte voluntaria;
El
trofeo, porque en ella quedó herido de muerte el demonio y, con él,
fue vencida la muerte.
Junto con Cristo
Crucificado, nos elevamos hacia lo alto, para, dejando abajo la tierra y el
pecado, y gozar de los bienes celestiales.
TEOLOGÍA DE LA CRUZ
Jesús dijo: "Como Moisés levantó a la serpiente en el desierto, así tiene que
ser levantado (en la
cruz) el Hijo del hombre, para que
todo el que crea en Él tenga vida eterna" (Jn 3, 14-15).
Al ver la serpiente, los heridos de
veneno mortal quedaban curados.
Al ver al crucificado, el centurión
pagano se hizo creyente;
Juan, el apóstol que lo vio, se
convirtió en testigo. Leer: Juan 19, 35-37.
DIOS nos envía a su HIJO para Morir en
la CRUZ
"Tanto amó Dios al mundo que entregó a su Hijo único para que todo el
que crea en Él no perezca sino que tenga vida eterna". (Jn 3, 16).
Pero ¿cómo lo entregó? ¿No fue acaso en la cruz? La cruz es el recuerdo de tanto amor del Padre hacia nosotros
y del amor mayor de Cristo, quien dio la vida por sus amigos (Jn 15, 13).
18
El demonio odia la cruz, porque nos
recuerda el amor infinito de Jesús. Leer: Gálatas 2, 20.
LA
CRUZ
1. EN
LA HISTORIA DE LAS RELIGIONES. 2. EN LA TEOLÓGIA
BIBLICA.
I. EN LA HISTORIA DE LAS RELIGIONES
En su forma simple de
dos líneas que cruzan perpendicular o diagonalmente puede rastrearse la
presencia de la cruz ya en el Neolítico reciente. Las interpretaciones son
hipotéticas, pero no parece erróneo entenderla cómo señalización o como
ornamentación y también como símbolo cósmico y religioso. Sus formas concretas
son muy diversas (en diagonal, en forma de T(au), la cruz griega (es decir, con
los lados de la misma longitud), la cruz latina (con el tramo vertical más
largo que el horizontal), radiada, esvástica, con asas, y otras muchas
variantes).
La
orientación hacia los cuatro puntos cardinales (cruz griega y cruz radiada)
simboliza el universo (cielo y tierra) en las culturas mesopotámicas, las de América
del Norte y Mesoamérica y en la Roma antigua (“la tierra dividida en cuatro
partes”. La conocían como símbolo del sol los asirios, los galos v los germanos
septentrionales. Platón interpretó el cosmos como “a1ma del universo” con la
letra X. En la India, la cruz radiada simboliza el curso circular de toda vida (samsara), La esvástica (cruz radiada
con el circulo roto) significa en el budismo la fractura del samsara, es decir, de la vida autentica.
Pueden rastrearse ya en las culturas del Bronce interpretaciones que la
entendían como señal de bendición y de protección. La cruz con asas está
inequívocamente testificada. en Egipto como símbolo de la vida, Esta
significación como símbolo humano básico hace posible y comprensible, en la
óptica de la ciencia de la religión, que en el ámbito del Imperio romano de
Oriente (desde Constantino el Grande y la emperatriz Helena) y en los Padres de
la Iglesia griegos se llevara a cabo una reinterpretación de la cruz desde su
primer sentido como instrumento de castigo y ejecución a signo salvífico
universal (no solo soteriológico) y que se impusiera rápidamente en las formas
de la inculturación: primero en el circulo de la cultura helenista, luego en
las misiones (germanas y mesoamericanas) y también, al parecer, en Asia central
y oriental.
·
Bibliografía:
HWDA 5, págs. 478-
484; RGG3 4, págs, 45s.; EKL3 2, págs. 1462-1468. F. HEILER, Erscbeinungsformen
und Wesen der Religión. S
21.979, págs. 104ss.; H.-J. Klimheit, <Das Kreuz
19
Symbol>
en G. STEPHENSON (dir.), Leben und Tod in
den Religionen, Da 1980, págs. 61-80; M. LURKER, Die Botschaft der
Symbole, M :1990, págs. 279-289. Franz Wolfinger
2. EN LA TEOLOGÍA
BÍBLICA
La cruz es un
instrumento para la ejecución del castigo, en sus orígenes un madero (o-ta-upOc
latin crux, palo de tormento), que
entre los romanos era de ordinario un travesaño.
<Crucificar>
(0-rappobv) indica el correspondiente modo .de ejecución. 4.) En
este sentido emplean los evangelios
sinópticos (y los [Hechos) los conceptos, primero como indicación del
género concreto de la muerte sufrida por Jesús (en Mc 15 par.). A la luz del
kerigma de la resurrección, el discurso sobre el Crucificado (participio
perfecto) adquiere una permanente significación cristológica (Mc 16,6 par. Mt
28,5).
Empalmando
con esta idea, acentúa Lc la necesidad historicosalvifica de la muerte en cruz
de Jesús (Lc 24,7.20 <26> y la justificación del Crucificado en virtud de
la resurrección (Hch 4,10; 2,36; cf. 5,30; 10,39 <colgar del madero>;
13,29). La sentencia acerca. de «llevar la, cruz>, que fue en sus orígenes
una metáfora para la disposición al martirio, se convierte, en el contexto de
los evangelios, en imagen de la radicalidad del seguimiento de Jesús exigido a
todos (Lc 14,27 Q), que implica fundamentalmente arriesgar incluso la propia
vida (Mt 10,28s.) redacción); Mc 8,34s. par, Mt 16,24s.) y, en concreto, la
acreditación <diaria> (Lc 9,23s.).
b) El evangelio de Juan emplea
el concepto de cruz (crucificar) exclusivamente para el género especifico de la
muerte de Jesús (Jn 19). En lo que concierne al contenido, la muerte en cruz se
inserta, a través del concepto de la <exaltación>, en un contexto de
clara orientación cristológica, en el que aparecen entrelazadas la crucifixión
y la sessio ad dexteram Patris (3,14;
8,28; 12,32ss.), La exaltación en la cruz pone en claro q u e el retorno del
enviado del Padre es la glorificación d e l H i j o d e l h o m b r e ( h e c
ho carne), de modo que en la cruz alcanza consumación la gloria ya perceptible
en la vida terrena 12,23.28; 13,31). En este sentido, puede hablarse de una theologia crucis joanea (Kohler,
Knöppler).
e) Ha sido Pablo quien con
mayor rigor ha reflexionado sobre el hecho de la muerte en cruz de Jesús como theologia
crucis en el sentido de un concepto soteriológico. La paradoja de un Cristo
crucificado (Hengel), que es necedad para los paganos (la idea del castigo en
la cruz les resultaba repugnante a los ciudadanos romanos, cf Cicerón, Pro Rabirio 16) y <escandalo> para
los judíos (el judaísmo de aquella época desconocía la
20
idea de un Mesías
crucificado; una cierta explicación de la tradición establecía una relación
entre Dt 21,23 y la crucifixión: TRE 64, pags, 713), se convierte en Pablo
justamente en la demostración de que el no anuncia la sabiduría humana, sino la
sabiduría de Dios, quien, a través de la necedad de la cruz, quiere salvar a
los creyentes (1 Cor 1,17-25; cf. 2 Cor 13,4. El Crucificado se muestra como el
misterio de la sabiduría divina, oculta al mundo, que ahora se ha revelado
media del Espíritu (1 Car 2,610) “La <palabra de la cruz> (1 Cor 1,18) o
respectivamente <del Crucificado> (1 Cor 2,2; cf. Gal 3,1), se convierte
en la esencia del mensaje salvífico cristiano (Flp 2,8). Esta paradoja
gnoseológica adquiere en Gál profundidad de contenido. Exigir la circuncisión
(a los paganos) seria eliminar el <escandalo>, de la cruz (salvadora)
(5,11; cf 6.12; Flp 3,18). Gál 3,13 establece ha referencia expresa con Dt
21,23 (<un hombre colgado ... es una maldición)) e interpreta
consecuentemente la muerte vicaria de Jesús <por nosotros> de la formula
de la muerte de Jesús (influida por Is 53) como <muerte de maldición>)
(<hecho maldición por nosotros>; cf. como transición en 1 Cor 1,13:
<crucificado por vosotros>) El paralelo en 2 Cor 5,21 (<Dios lo hizo
pecado por nosotros>) permite descubrir que la extremosidad que hace de
Cristo <maldición> y <pecado> está pensada en analogía con el
sacrificio por el pecado (Lv 4,5.16), en el que en la muerte el animal
sacrificado se realiza simbólicamente la muerte del pecador. En Cristo
crucificado, «hecho maldición por nosotros» (Gál 3,13) puede homo
peccator reencontrarse
consigo mismo para conseguir en él una identidad nueva (la de alter
(Jhristus, ;28).
El creyente, por consiguiente, ha crucificado su carne (de
una vez por todas:
aoristo 5,24), de modo que es (permanentemente) un crucificado con Cristo (Gal
2,19, perfecto; cf. 6,14), en el que el mismo vive (2,20). En Rom 6,6 se aplica
esta idea bautismo, en el que «nuestro hombre viejo fue crucificado» (aoristo).
d) La theologia crucis paulina avanza un
paso más cuando en Col se establece una vinculación estricta entre la idea de
la reconciliación universal y la cruz (1,20; cf. 2,14s,), o en Ef, donde la
cruz aparece como la posibilitación de una única Iglesia (de judíos y gentiles)
(2,16). Se halla cerca de la tradición paulina 1 Pe 2,24, donde el texto de Is
53,4.12 (<el llevó el pecado de muchos>) se concreta en la cruz (<el
mismo llevó nuestros pecados en su cuerpo y los subió al madero>). En Heb
6,6; 12,2 aparece la cruz como expresión de burla y de ignominia.
·
Biografía;
L.
MORRIS, The Cross in the NT, GR 1965; E. DINKIER, Signum Crucis., Tu 1967; G.
DELLING, Der K.- Tod
Jesu in der urchr. Verkündigung. Go 1972; M.
HENGEL, Mors turpissima crucis: .Rechtfertigung. FS E Käsernann, Tu-Go 1976,
págs. 125-184; H. WEDER, Das .Kreuz Jesu bei Paulus, Go 1981; C. ANDRESEN y G.
KLEIN, (dirs.), Theologia crucis-Signurn crucis. FS E. Dinkler, Tu 1979; H.
KOHLER, Kreuz und Menschwerdung im Johannes-Evangelium, Z 1987; H. MERKLEIN, Studien
zu Jesus und Paulus, Tu 1987, pág. 1-106; TRE 19, págs, 713-725 (W, H. Kuhn);
R. HOPPE, Der Thiumph des Kreuzes, St 1994; 'T. KNÖPPLER, Die theologia crucis
des Johannes-Evangelium, N.k 1994.
Helmut
Merklein
21
Diccionario Enciclopédico de Exégesis y Teología Bíblica
Crucifixión
CRUCIFIXIÓN
La
crucifixión, calificada por Cicerón como el mas cruel y más espantoso modo de
morir,) (In Verrem II, 5, 64, 165; cf
Josefo, bell. hid. VIE, 6,4), tiene un origen y una antigüedad desconocidos.
Hay algunos vestigios entre los medos y los persas. Llegó hasta los romanos en
el curse de las guerras púnicas (desde el 264 a.C.), Se introdujo en Palestina
en fechas relativamente tempranas (desde el s. I. a. C.), aunque en el Antiguo
Testamento se habla ya de ajusticiados <colgados en un madero> (Gn 40,19;
Dr 21,22 y otros). E1 derecho romano castigaba con la muerte en cruz los
delitos de robo a mano armada, asesinato, alta traición, injurias de lesa
majestad y rebelión.
De
ordinario los condenados, tras ser azotados, llevaban por si mismos el
travesaño horizontal (patibuturn) hasta
el lugar de la ejecución, donde eran atados o clavados a un palo vertical, en
general pequeño, que acto seguido era izado. Para aliviar el tormento, se les
suministraba una bebida embriagante. Para retrasar el momento de la muerte se
colocaba en el centro del pato vertical una especie de asiento (sedile). La muerte se producía a causa
de una cruel asfixia. Como norma, se dejaba el cadáver en la cruz para pasto de
los animales salvajes o hasta su descomposición, aunque había excepciones.
Esta
fue, en líneas generales, la secuencia de la crucifixión de Jesús, aunque
existen dudas sobre algunos detalles. Debido a la f1agelación a que Jesús había
sido sometido inmediatamente antes, ya en el pretorio mismo (Mc 15,15 par.; Jn 19,1) estaba demasiado débil para
transportar por si solo el travesaño hasta el Gólgota (Mc 15,22 par.). Según Mc
15,23 rechazó la bebida habitual que le ofrecieron, Fue clavado desnudo (Mc
15,24 par,; Jn 19,23s.) probablemente de pies y manos (Jn 20,25; L,c 24,39; Hch
2,23) a una cruz en forma de T, que apenas seria algo más alta que la de los
dos malhechores que le flanqueaban (Mc 15,27 par.) Una tablilla, que no es
posible localizar, anunciaba (probablemente en arameo y griego) el nombre y la
culpa (Mc 15,26 Jn 19,19). Fueron testigos de aquel cruel acontecimiento
algunas mujeres galileas (Mc 15,40 par.; 19,25ss.).El descendimiento del
cuerpo, tras haber obtenido el permiso de Pilato, corrió a cargo de Jose de
Arimatea, antes del inicio del sábado (Mc 15,43;Jn 19,38).
22
·
Bibliografía:
J. BLINZLER, Der
Prozess Jesu, Rb
41969, págs. 357-384 (trad, cast.: El proceso de
Jesús); L.
Diez Merino, <El suplicio de la cruz en la literatura judía intertestamental
LAGREG 24 (1976), págs. 31-120; M. HENGEL, La crucifixión dans
l’antiquite et la folie du message de la croix, P 1981 págs. 13-113
(bibliografía); W. Bösen, Die letzte Tage des
,Jesús von Nazaret, Fr
31995 (bibliografía).
Willibald
Balsa
Diccionario Enciclopédico de Exégesis y Teología Bíblica
MUERTE
a) Antiguo Testamento. La condición de ser
mortal del hombre es uno de los enunciados básicos de la antropología
paleotestamentaria (Gn 2,17; 3,19; Jos 23,14; 2Sam 14,14). La muerte es
entendida como la disolución y extinción de la existencia humana (2 Sam 14,14;
Job 14,1) y como inversión incluso del acto creador (Sal 104,29; 146,4; Qo
12,7). El hombre pasa como <una sombra> al reino de los muertos, del que
no hay retorno (2Sam 12,23; Is 14,9s.; Job 7,9; Qo 9,10).
b) Ya desde las primeras etapas se perfilan
dos actitudes diferentes frente a la muerte: por un lado, la idea de una muerte
<natural>, con la esperanza de ir <anciano y saciado de días> a
<reunirse con los antepasados> (Gn 25,8) y, por otro lado el temor a una
muerte siempre «prematura> (p. ej., Is 39,10) la muerte en edad temprana era
incluso interpretada como un castigo de Dios (Gn 38,7; Am 7,11.17; Jr 14,11s).
Con
la aparición, a partir del s. II a.C., de la esperanza de la resurrección de
los muertos se modificó la postura ante la muerte. Los Justos y los mártires
entran a través de la muerte en la vida en la que su fidelidad será
recompensada (Du 12,1ss.; 2 Mac 7). Según Sab 2,23, la vida eterna es parte
constitutiva de la esencia del hombre y la muerte se presenta como un transito
obvio al otro mundo (Sab 4,7-16).
c)
Nuevo Testamento. Jesús y la comunidad cristiana aceptan
la idea de la resurrección de los muertos del Antiguo Testamento (Mc 12,18-27;
cf. Heb 6,1ss.). La comunidad primitiva la considera confirmada en virtud de la
resurrección de Cristo (1 Cor 15).
d)Las alusiones a la muerte del hombre
están, por consiguiente, marcadas por la esperanza (Jn 11,21-27; Rorn 8,31b-39;
1 Tim 4,7-10; Ap 21,1-8). Aunque se percibe en toda su dimensión la amenazadora
experiencia de la muerte (cf 2 Car 1,8ss.; Heb 5,7), desde la muerte de
23
Jesús es posible una
relación nueva con ella (Heb 2,7; cf. también el carácter parenético
especialmente en la historia lucana de la pasión).
Bibliografía:
R.
MARTIN-‐ACHARD, De la morta la resurrection d’apres l’at., Neuchate 1956; L.
WÄCHTER, Der
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Leben, Sty otros, 1987: C.-‐P. MÄRZ, Hoffnung aufLeben, St 1995.
Klaus-‐Peter
März
Diccionario Enciclopédico de Exégesis y Teología Bíblica
MUERTE
DE JESUS
Según el testimonio
concordante de los cuatro evangelios, Jesús
murió un viernes, según Jn 1.9,14.31a.42 el 14 de nisán (parasceve de la passah),
según Mc 15,42 par. el 15 de nisán (el mismo día de la passah).
No es posible
armonizar la disparidad de estos datos. El intento por resolver el problema
recurriendo a un doble calendario (Jaubert) puede
considerarse fracasado. Aún teniendo bien en cuenta los argumentos de los
sinópticos, la mayoría de los exegetas se inclinan por la cronología joanea,
aunque tienen que contentarse con el año 30 como fecha meramente aproximativa.
Según Mc 15,34 par. la muerte se produjo
en la hora nona y, en todo caso, no
mucho después de la crucifixión (Mc 15,25: tres
horas; Jn 19,14: seis horas).
Como causa de la muerte se proponen, además de un agotamiento generalizado (cf
Simón de Cirene), la asfixia y la perdida de sangre a consecuencia de la
flagelación y la sujeción a la cruz con clavos, todo lo cual habría producido
un rápido colapso. Los evangelios, que son los únicos testigos, describen la
muerte con verbos y giros en parte poco usuales, pero con una significación
inequívoca (Mc 15,37.39 par. Lc: <expiró>;
Mt 27,50: <exhala el aliento vital>
o Jn 19,30: <entrego el espíritu>.
De las siete palabras en la cruz (Mc 5,34 par. Mt; Lc 23,34.43.46; Jn
19,26s.28.30), la que reclama la más alta probabilidad, justamente por su
dureza, es la del <grito de abandono>
del Sal 22 (Mc 15,34, palabras de Jesús en la cruz). Los evangelistas tienen
especial interés en insistir en el hecho de que la muerte fue real, con la
mirada puesta, no en último término, en las tempranas dudas y los intentos por
negarla (cf. la hipótesis del robo en Mt 27,64; cf. Jn 20,3). No están exentas
de propósitos apologéticos, entre otras, las escenas de la perforación del
costado de Jesús con una lanza. (Jn 19,31-37), el diálogo del centurión con
Pilato sobre la rapidez con que se .produjo el fallecimiento (Mc
15,44s.), la sepultura con testigos oculares (MC 15,47 par.) en un sepulcro
bien localizado y destinado a una sola persona (Mc 15,46 par.; Jn 19,41); cf la
insistencia en la sepultura en la
antigua confesión de fe de 1 Car 1.5,3s.; la custodia del sepulcro con guardias
(Mt 27,62-66). Fueron testigos históricamente fiables según los cuatro
evangelios algunas mujeres de Galilea conocidas por sus nombres,
24
aunque solo
pudieron verlo <desde lejos> (Mc 15,40s. par.; Jn 19,25ss.). Es discutido
recurso a la sábana santa de Turín. La muerte de Jesús nunca aparece en el
Nuevo Testamento descrita solo en sus factores externos, sino siempre vinculada
a su significación salvífica de perdón de los pecados y reconciliación con Dios
(expiación). Tienen función interpretativa en los sinópticos el eclipse de sol
(Mc 15,33 par.), el desgarramiento del velo del templo (Mc 15,38 par.) y la
resurrección de muertos (Mt 27,52s.). Son asimismo esquemas de interpretación,
sobre todo en las cartas paulinas, las referencias al culto sacrificial
veterotestamentario (Lv 1-7), a la liturgia del Día de la Expiación (Lv 16), a
la teología martirial (1 Mac 6s.) y al
canto del Siervo de Yahveh (Is 5:3). Existe abundante controversia en torno a
la pregunta de la interpretación que el Mismo Jesús daba su muerte (Mc 10,45; 14,24).
·
Bibliografía:
A. JAUBERT, La date de la Cène, P 1957; J. BLINZLER,
Der Prozess Jesu, Rb 41969 (trad. castelana:
El proceso de Jesús, Ma 1968); K. KERTELGE (dir.); Der Tod Jesu. Deutungen im
NT (QD 74), Fr 1976; G. FRIEDRICH, Die Verkündigung des Todes Jesu im NT, Nk
1982; C. BARTH, Der Tod Jesu im Verständnis del NT, Nk .1992: W. BÖSEN, Der
letzte Tag des Jesus von Nazaret, Fr 31995; CH. COHN,
Der Prozess und Tod Jesu aus judischer Sicht, F 1997; S. J. PATTERSON, Beyond
the Passion: Rethinking the Death and Life of Jesus, Mn 2004; J, FREY y J.
Schröter (dirs.), Deutungen des Todes Jesu im Neuen Testament, Tu 2005; S.
MCKNIGHT, Jesus and His Death: Historiogniphy, the historical Jesus, and
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La concezione paulina Cinisello Balsam° 2007,
Wilibald
Bösen
Diccionario
Enciclopédico de Exégesis y Teología Bíblica
LAS
ENSEÑANZAS DE LA CRUZ
Nos enseña quiénes somos
Nos enseña quiénes somos
La cruz, con sus
dos maderos, nos enseña quiénes somos y cuál es nuestra dignidad: el madero
horizontal nos muestra el sentido de nuestro caminar, al que Jesucristo se ha
unido haciéndose igual a nosotros en todo, excepto en el pecado. ¡Somos
hermanos del Señor Jesús, hijos de un mismo Padre en el Espíritu! El madero que
soportó los brazos abiertos del Señor nos enseña a amar a nuestros hermanos
como a nosotros mismos.
Y el madero vertical nos enseña cuál es
nuestro destino eterno. No tenemos morada acá en la tierra, caminamos hacia la
25
vida eterna. Todos tenemos un mismo origen: la Trinidad que nos ha
creado por amor. Y un destino común: el cielo, la vida eterna. La cruz nos
enseña cuál es nuestra real identidad.
LAS
LLAGAS DE CRISTO EN LA CRUZ
Fuerza de Dios
Fuerza de Dios
"Porque la predicación de la cruz es locura para los que se pierden...
pero es fuerza de Dios para los que se salvan" (1 Cor 1, 18),
Como el centurión que reconoció el poder de Cristo crucificado. Él ve
la cruz y confiesa un trono; ve una corona de espinas y reconoce a un rey; ve a
un hombre clavado de pies y manos e invoca a un salvador.
Por eso el Señor resucitado no borró de su cuerpo las llagas de la
cruz, sino las mostró como señal de su victoria. Lee: Juan 20, 24-29.
La señal de la Cruz de los cristianos
Los cristianos, con frecuencia, hacemos con la mano la señal de la
cruz sobre nuestras personas. O nos la hacen otros, como en el caso del
bautismo o de las bendiciones.
Al principio parece que era costumbre hacerla sólo sobre la frente.
Luego se extendió poco a poco a lo que hoy conocemos: o hacer la gran cruz sobre
nosotros mismos (desde la frente al pecho y desde el hombro izquierdo al
derecho) o bien la triple cruz pequeña, en la frente, en la boca y el pecho,
como en el caso de la proclamación del evangelio.
Es un gesto sencillo, pero lleno de significado. Esta señal de la Cruz
es una verdadera confesión de nuestra fe: Dios nos ha salvado en la Cruz de
Cristo. Es un signo de pertenencia, de posesión: al hacer sobre nuestra persona
esta señal es como si dijéramos: "estoy bautizado, pertenezco a Cristo, El
es mi
26
Salvador,
la Cruz de Cristo es el origen y la razón de ser de mi existencia
cristiana...".
No hace falta
llegar a los estigmas de la cruz en el propio cuerpo,
como en
el caso de algunos Santos. El repetir el gesto nos recuerda que estamos
salvados, que Cristo ha tomado posesión de nosotros, que estamos de una vez
para siempre bendecidos por la Cruz que Dios ha trazado sobre nosotros.
En realidad, el primero que hizo la
"señal de la Cruz" fue el mismo Cristo, que "extendió sus brazos
en la cruz" (Plegaria Eucarística 2ª.), y "sus brazos extendidos
dibujaron entre el cielo y la tierra el signo imborrable de tu Alianza"
(Plegaria Eucarística 1ª. de la Reconciliación)... Si ya en el Antiguo
Testamento se hablaba de los marcados por el signo de la letra "tau",
en forma de cruz (Ezeq 9,4-6) y el Apocalipsis también nombra la marca que
llevan los elegidos (Apoc 7,3), nosotros, los cristianos, al trazar sobre
nuestro cuerpo el signo de la Cruz nos confesamos como miembros del nuevo
Pueblo, la comunidad de los seguidores de ese Cristo que desde su Cruz nos ha
salvado.
LA CRUZ, EN EL
ANTIGUO TESTAMENTO- REFERENCIA
Esta lectura nos
recuerda que el Señor reprocha y corrige a quienes ama y que la Divina
Sabiduría es “árbol de vida a los que de ella echan mano, y bienaventurados son los que la
retienen (Proverbios 3,11-18)”; .... es de la Profecía de Isaías que habla de
la “Ciudad del Señor” en donde habitan juntos gentiles y judíos y “vendrán humillados” y se prosternarán a los pies de Dios Así
conocerás que yo, Jehovah, soy tu Salvador y
tu Redentor, el Fuerte de Jacob (Isaías 60,
1116)”.
Aquí encontramos la referencia directa a la Cruz delante de la cual
nos prosternamos.
El mismo tema se expresa en el versículo del salmo que se repite
constantemente en estos oficios y que nos llama a “postraos ante el estrado de sus
pies” ¡Exaltad a Jehovah, nuestro Dios! Postraos ante el estrado de sus pies, porque él es santo (Salmos
99, 5).
27
El Señor dijo a mi señor: "Siéntate a mi diestra, hasta que
ponga a tus enemigos como estrado de tus pies” (Salmos 110, 1); el evangelio es
de San Juan, en el que Cristo afirma: “Y yo, cuando sea levantado de la
tierra, atraeré a todos a mí mismo” (Juan 12, 32).
Como cordero degollado,
Isaías 53, 7 “Él fue oprimido y
afligido, pero no abrió su boca. Como un cordero, fue llevado al matadero; y
como una oveja que enmudece delante de sus esquiladores, tampoco él abrió su
boca”.
Que frase tan bella: Señor, Tu eres mi “esperanza crucificada”, solo esperaré en ti, Tu cruz es mi cruz y,
mi vida es Tu vida. Toda mi vida pende de Ti, por eso me consuela y fortalece
cuando al recitar el versículo 7 del Salmo 39 que dice: 7 “Ahora, oh Señor, ¿qué
esperaré? Mi esperanza está en ti”.
Cuando elevamos la Cruz y nos postramos ante ella en veneración y en adoración a Dios,
“por lo tanto, ya no
sois extranjeros ni forasteros, sino conciudadanos de los santos y miembros de
la familia de Dios” (Efesios 2,19;
“porque esperaba la ciudad que tiene cimientos, cuyo arquitecto y
constructor es Dios (Hebreos 11,10)”;
“No vi en ella templo, porque el Señor
Dios Todopoderoso, y el Cordero, es el templo de ella (Apocalipsis 21,22)”.
LA CRUZ, SIGNO DEL CRISTIANO
Signo de nuestra reconciliación
La cruz es signo de
reconciliación con Dios, con nosotros mismos, con los humanos y con todo el
orden de la creación en medio de un mundo marcado por la ruptura y la falta de
comunión.
28
La Cruz es el símbolo radical, primordial para los cristianos: uno de los
pocos símbolos universales, comunes a todas las
confesiones.
Durante los tres
primeros siglos parece que no se representó plásticamente la cruz: se preferían
las figuras del
Pastor, el pez, el
ancla, la paloma...
Fue en el siglo IV cuando la cruz se
convirtió, poco a poco, en el símbolo predilecto para representar a Cristo y su
misterio de salvación.
Desde el sueño del emperador
Constantino, hacia el 312 ("In hoc signo vinces": con esta señal
vencerás), que precedió a su victoria en el puente Milvio, y el descubrimiento
de la verdadera Cruz de Cristo, en Jerusalén, el año 326, por la madre del
mismo emperador, Elena, la atención de los cristianos hacia la Cruz fue
creciendo. La fiesta de la exaltación de la Santa Cruz, que celebramos el 14 de
septiembre, se conoce ya en Oriente en el siglo V, y en Roma al menos desde el
siglo VII.
Las primeras representaciones pictóricas
o esculturales de la Cruz ofrecen a un Cristo Glorioso, con larga túnica, con
corona real: está en la Cruz, pero es el Vencedor, el Resucitado. Sólo más
tarde, con la espiritualidad de la Edad Media, se le representará en su estado
de sufrimiento y dolor.
En nuestro tiempo es la Cruz, en verdad,
un símbolo repetidísimo, en sus variadas formas:
—la cruz que
preside la celebración, sobre el altar o cerca de él,
—la cruz procesional que encabeza el
rito de entrada en las ocasiones más solemnes, y parece ser el origen de que
luego el lugar de la celebración este presidido por ella,
—las que
colocamos en las habitaciones de nuestras casas,
—la cruz pectoral de los Obispos, y el báculo pastoral del Papa, basta
recordar el magnifico báculo de Juan Pablo II, en forma de cruz, heredado de
Pablo VI.
29
—las cruces penitenciales que los "nazarenos" portan sobre
sus espaldas en la procesiones de Semana Santa,
—la cruz como adorno y hasta como joya
que muchas personas llevan al cuello,
—y las variadas formas de
"señal de la cruz" que trazamos sobre las personas y las cosas (en
forma de bendición) o sobre nosotros mismos en momentos tan significativos
La
Cruz y el Bautismo:
A la hora de empezar
la vida cristiana, la señal de la cruz es como una marca de posesión y de fe en
Cristo Salvador.
El bautismo es un rito
elocuente por demás. La cruz también es
una renovación del bautismo. El sacerdote (y después los padres y padrinos)
hacen al bautizando la señal de la Cruz en la frente: “te signo con la señal de Cristo Salvador... ”
En el caso del
Bautismo de Adultos es todavía mas explícito el gesto. El sacerdote le signa en
la frente diciendo: "recibe la cruz
en la frente: Cristo mismo te fortalece con la señal de su victoria; aprende
ahora a conocerle y a seguirle".
El sacramento del
bautismo significa la muerte y la resurrección, como lo que hizo Cristo en la Cruz.
El
Bautismo nos hace entrar en el misterio de Cristo
Un momento particularmente expresivo en
que sobre nuestras personas se traza la señal de la Cruz es el del bautizo.
En verdad, a la hora de empezar la vida
cristiana, la señal de la cruz es como una marca de posesión y de fe en Cristo
Salvador. No es algo mágico, como una especie de amuleto protector: sino una
profesión de fe en la persona de Cristo, que, en su Cruz y por su Cruz, nos
ha conseguido la salvación y, que esperamos que durante toda nuestra vida nos
siga bendiciendo.
30
Por
eso, siempre que hacemos la señal de la Cruz estamos recordando en algún modo
el Bautismo. Y es una costumbre cristiana digna de alabanza que los padres, que
en el rito del bautizo han participado en esta asignación a sus hijos, sigan
haciéndolo en la vida. Muchos padres cristianos trazan esta señal sobre sus
hijos en el momento de acostarlos, de enviarles a la escuela, al comienzo de un
viaje. Hecha con fe, este gesto es un signo de que lo que empezó en el
Bautismo, la vida cristiana, se quiere que continúe desarrollándose y
creciendo. Sus hijos son también hijos de Dios, pertenecen a Cristo. Es como si
les dijeran: "el que tomó posesión de ti en el Bautismo te acompañe en
todo momento".
La
misma señal de la Cruz se trazará al final, en los ritos sacramentales de la
Unción, y las exequias, sobre el cristiano que lucha contra la enfermedad o que
está próximo a la muerte. En muchas regiones es costumbre que los familiares
hagan la cruz sobre la frente del difunto: así nuestra vida cristiana queda
enmarcada, desde principio a fin, con el signo victorioso de la Cruz de Cristo.
LA CRUZ, UN SIMBOLO
ELOCUENTE
(1 Cor 1:18,19-22,23).
18Porque para los que están
pereciendo, el mensaje de la cruz es locura; pero para nosotros que estamos
siendo salvados, la cruz es poder de Dios. 19 Porque está escrito:
Destruiré la sabiduría de los sabios, y desecharé el entendimiento de los
inteligentes. 22Porque los judíos piden señales, y los
griegos buscan sabiduría; 23pero nosotros predicamos a Cristo
crucificado: que para los judíos es tropezadero, y para los gentiles es locura.
No nos damos mucha
cuenta, porque ya estamos acostumbrados a ver la Cruz en la iglesia o en
nuestras casas. Pero la Cruz es una verdadera cátedra, desde la que Cristo nos
predica siempre la gran lección del cristianismo. La Cruz resume toda la
teología sobre Dios, sobre el misterio de la salvación en Cristo, sobre la vida
cristiana.
La Cruz es todo un discurso: nos
presenta a un Dios trascendente pero cercano; un Dios que ha querido vencer el
mal con su propio dolor; un Cristo que es Juez y Señor, pero a la vez Siervo,
que ha querido llegar a la total entrega de sí mismo, como imagen plástica del
amor y de la condescendencia de Dios; un Cristo que en su Pascua —muerte y
31
resurrección— ha dado al mundo la
reconciliación y la Nueva Alianza entre la humanidad y Dios...
Esta Cruz ilumina toda
nuestra vida. Nos da esperanza. Nos enseña el camino. Nos asegura la victoria
de Cristo, a través de la renuncia a sí mismo, y nos compromete a seguir el
mismo estilo de vida para llegar a la nueva existencia del Resucitado.
La Cruz, que para
los judíos era escándalo y para los griegos necedad (1 Cor 1,18-23), que
escandalizó también a los discípulos de Jesús, se ha convertido en nuestro
mejor símbolo de victoria y esperanza, en nuestro más seguro signo de salvación
y de gloria.
No es de extrañar que,
cuando en nuestra celebración empleamos el gesto simbólico del incienso —signo
de honra, de veneración y alabanza— sea en primer lugar la Cruz la que reciba
nuestro homenaje. En esa Cruz se centra nuestra comprensión de Cristo y de su
Misterio Pascual. Ahí esta concentrada la Buena Noticia del evangelio. Todas
las demás palabras y gestos simbólicos lo que hacen es explicar, desarrollar
(y, a veces, oscurecer) lo que nos ha dicho la Cruz...
LA CRUZ Y LA ASCÉTICA
La Cruz es una verdadera cátedra desde
la cual Cristo nos predica siempre la gran lección sobre Dios, sobre el
misterio de la salvación en Cristo y sobre la vida cristiana. Generalmente no
nos damos cuenta porque ya estamos acostumbrados a ver la Cruz en la Iglesia o
en nuestras casas.
Esta es la Cruz que
ilumina nuestra vida, que nos da esperanza y que nos muestra el camino, es la
Cruz quien nos presenta a un Dios que trascienden en la lejanía, pero al mismo
tiempo es más íntimo que cercano. Un Cristo que en su muerte y resurrección ha
dado al mundo la reconciliación entre Dios y la humanidad. Un Dios que ha
querido vencer el mal con su propio dolor.
Una vida según la Cruz
Todo gesto simbólico, todo signo, pueden
ayudarnos por una parte a entrar en comunión con lo que simboliza y significa.
Que
32
es lo importante. Y por otra, puede ser también un peligro, si nos
quedamos en la mera exterioridad. Entonces el gesto se convierte un poco en
gesto mágico, ritual, rutinario, que no significa nada ni nos lleva a nada.
De tanto ver la
Cruz, y de tanto hacer sobre nosotros su señal, se puede convertir en un gesto
mecánico, que no nos dice nada. Y más cuando se puede convertir sencillamente
en un objeto de adorno, más o menos estético y precioso, pero que no parece
indicar que comporte una auténtica fe en lo que significa.
Cuando colocamos
una Cruz en nuestras casas, o la vemos en la iglesia, o nos hacemos la señal de
la Cruz al empezar el día, al salir de casa, al iniciar un viaje, o —ya dentro
de la celebración— cuando nos santiguamos al empezar la Eucaristía o al recibir
la bendición final, deberíamos dar a nuestro gesto su auténtico sentido.
Debería ser un signo de nuestra alegría por sentirnos salvados por Cristo, por
pertenecerle desde el Bautismo. Un signo de victoria y de gloria: nosotros como
cristianos "nos gloriamos en la Cruz de Nuestro Señor Jesús" (Gal
6,14) y nos dejamos abarcar, consagrar y bendecir por ella.
Más aún. Esta señal de la Cruz repetida
quiere ser un compromiso: porque la Cruz es el símbolo mejor del estilo de vida
que Cristo nos ha enseñado. La imagen o la señal de la Cruz quieren indicarnos
el camino "pascual", o sea, de muerte y resurrección, que recorrió ya
Cristo, y que nos invita ahora a nosotros a recorrer: "si alguien quiere
venir en pos de mi, niéguese a sí mismo, cargue con su cruz y sígame" (Mt
16,24)
Es fácil cantar:
"victoria, tú reinarás, oh Cruz, tú nos salvarás". Y fácil también
hacer, más o menos distraídamente, la señal de la Cruz en esos momentos en que
estamos acostumbrados. Lo que es difícil es escuchar y asimilar todo el mensaje
que nos viene predicado desde este símbolo. Un mensaje de salvación y
esperanza, de muerte y resurrección. De vida cristiana entendida como servicio.
Y un recordatorio —todavía— no sólo de Cristo, sino de todos los que han
sufrido y siguen sufriendo en nuestro mundo: Cristo, en la Cruz, es como el
portavoz de todos los que lloran y sufren y mueren, a la vez que es la garantía
y la proclama de victoria para todos.
33
Los cristianos, a la Cruz, le tenemos que reconocer todo su
contenido, para que no sea un símbolo vacío. Y entonces sí, puede ser un signo
que continuamente nos alimente la fe y el estilo de vida que Cristo nos enseñó.
Si entendemos la Cruz, y si nuestro
pequeño gesto de la señal de la Cruz es
consciente, estaremos continuamente reorientando nuestra vida en la dirección
buena.
ASCÉTICA II
TOMA TU CRUZ Y
SIGUE A JESÚS
"El que no toma su cruz y
sigue en pos de mí no es digno de mí" (Mt 10.38), dice el Señor. El da
a cada uno sus cruces. Hay que
asumir con dignidad y valentía las cruces
de la honestidad, la sinceridad, el compromiso, el sacrificio, el ser
mejor, el mantenerse firme en la fe y la fidelidad y no tirarlas en el camino
de la vida. Los pueblos más fracasados, que menos resurgen, son aquellos que
dejan tiradas sus cruces en el
camino. Esas cruces abandonadas y
tiradas miden la poca calidad de un pueblo y también de una persona. Por eso
Cristo dice que el que quiera salvar su vida que tome su cruz y lo siga.
En el Evangelio de San Mateo 10.37-39: dice el
Señor:
“37El que ama a padre
o a madre más que a mí no es digno de mí, y el que ama a hijo o a hija más que
a mí no es digno de mí. 38El que no toma su cruz y sigue en pos de
mí no es digno de mí. 39El que halla su vida la perderá, y el que
pierde su vida por mi causa la hallará”.
En este interesante relato, Cristo pone
la prueba máxima. (El primer amor, el más
grande y el más importante es el amor de Dios. No hay nada que pueda igualarlo).
Si tu, por amar a tu padre o a tu madre, a tu hijo o tu hija, a tu esposo o a
tu esposa, deja de amar a Dios y lo pone en segundo lugar no eres digno de El.
Jesús dice que el que ame su vida la perderá y el que la pierda por Su
causa la salvará. ¿Quién es el que
pierde la vida por
34
causa de
Cristo? Pues aquel que diariamente se consume en servir a Cristo Jesús
constituyendo un matrimonio honrado, siendo un padre fiel, un hijo respetuoso y
obediente. Aquel que trabajar por el reino y para mayor gloria de Dios, que se
hace misionero o que en su parroquia, comunidad o grupo de oración es fiel a
los compromisos, ya sea laico, sacerdote o religioso/a. ¿Quiénes son esos que
pierden su vida por Cristo?. Los que son fieles a la Palabra; los que se
mantienen firmes en la fe y que prefieren dejar aquello que parece bueno pero
que no es lo mejor para seguir a Jesús. Aquellos que todos los días cumplen
humildemente sus compromiso de ser auténticos cristianos, dejando atrás lo malo
y cumpliendo los mandamientos de Dios;. Eso es lo que significa asumir la cruz
de Cristo. La cruz de Cristo es camino salvífico.
¿Quiere ser de Jesús? Toma su cruz de cada día, sube al calvario de tu
vida, déjate clavar en la cruz por amor, sigue a Cristo y así tú será santo,
para la mayor gloria de Dios.
Hermanos, por la Palabra del Señor se nos ha
ido revelando lo que es el misterio de la cruz. Se fiel en el seguimiento del
camino emprendido. Ama tu cruz de cada día y no la suelte por nada ni por
nadie; No olvide que tú no lleva todo el peso de la cruz. La cruz parece muy
pesada, pero realmente no lo es tanto porque el Señor lleva gran parte del
peso. A la hora de la verdad, tú lleva sólo un pedacito y la mayor parte la
lleva Cristo. Pero si tú suelta el pedacito que te corresponde, la cruz se cae.
Si tú no ha caído, solamente es porque El te está ayudando siempre a cargar tu
cruz. Pero el Señor no quiere que suelte el peso que te corresponde a ti de esa
cruz y que te llevará a la salvación.
Aunque no lo entienda muy bien, da gracias a
Dios por las cruces. Ama las cruces y no las suelte nunca, aunque no te gusten.
Toda cruz, aún la menos deseada, la que más te disgusta, es camino de
salvación. Tú te está perfeccionando gracias a las cruces que carga con amor.
Las cruces te van a salvar. Las cruces más salvíficas y las que más te pueden
ayudar a ser santo son las que Dios te impone. . Si asume la cruz con
gallardía, dignidad y fuerza en el Espíritu, ésta se convierte en camino de
salvación. El Señor, pues, bendice a todos con las cruces que necesitan, no las
que cada persona desea escoger.
35
La historia de nuestro Señor Jesucristo puede verse como un fracaso.
Pero de su "fracaso" brotó el éxito y esa es la gran
lección de la Cruz de Cristo.
Del aparente fracaso de Jesús, que
fue Su
muerte en la Cruz, brotó el mayor triunfo: Su Resurrección que venció a la
muerte. Esta es la invencibilidad de
Dios. Por su triunfo sobre la muerte, Dios es y será siempre . . .
¡INVENCIBLE!
Síntesis
del Evangelio
San Pablo resumía el
Evangelio como la predicación de la cruz
(1 Cor 1,17-18). Por eso el Santo Padre y los grandes misioneros han
predicado el Evangelio con el crucifijo en la mano: "Así mientras los
judíos piden milagros y los griegos buscan sabiduría, nosotros predicamos a un
Cristo crucificado: escándalo para los judíos (porque para ellos era un símbolo
maldito) necedad para los gentiles (porque para ellos era señal de fracaso),
mas para los llamados un Cristo fuerza de Dios y sabiduría de Dios" (1Cor
23-24).
Hoy hay muchos
católicos que, como los discípulos de Emaús, se van de la Iglesia porque creen
que la cruz es derrota. A todos
ellos Jesús les sale al encuentro y les dice: ¿No era necesario que el Cristo
padeciera eso y entrara así en su gloria? Lee: Lucas 24, 25-26. La cruz es pues el camino a la gloria, el
camino a la luz. El que rechaza la cruz no
sigue a Jesús. Lee: Mateo 16, 24
Nuestra razón, dirá
Juan Pablo II, nunca va a poder vaciar el misterio de amor que la cruz representa, pero la cruz sí nos
puede dar la respuesta última que todos los seres humanos buscamos: «No es la
sabiduría de las palabras, sino la Palabra de la Sabiduría lo que San Pablo
pone como criterio de verdad, y a la vez, de salvación» (JP II, Fides et ratio, 23).
36
VIVIR SEGÚN LA CRUZ
La Cruz como todo gesto simbólico, todo signo, pueden
ayudarnos a entrar en comunión con lo que simboliza y significa, que es los
importante. Pero también puede ser un peligro si nos quedamos en la pura
exterioridad. Cuando un signo se convierte en gesto ritual y rutinario, ya no
significa nada ni nos conduce a nada.
Por tanto, cuando hacemos la señal de la
cruz sobre
nosotros mismos, si no lo hacemos con la fe debida, puede convertirse en un
gesto mecánico que no nos dice nada y que no parece indicar que comporte una
auténtica fe en su significado.
Al colocar una cruz en nuestra casa, o cuando
hacemos la señal de la cruz al
empezar la Eucaristía o al recibir la bendición final, deberíamos dar a nuestro
gesto su auténtico sentido y “gloriándonos
en la Cruz de
Nuestro Señor Jesús”. La cruz debe ser un signo de nuestra alegría por sentirnos
salvados por Cristo, dejándonos abarcar, consagrar y bendecir por ella.
San Pablo en su carta a los Gálatas 6:14
nos dice: “Pero lejos esté de mí el
gloriarme sino en la cruz de nuestro Señor Jesucristo, por
medio de quien el mundo me ha sido crucificado a mí y yo al mundo”. Más aún, la señal de la cruz debe ser un compromiso, porque
la Cruz es el
mejor símbolo del estilo de vida que Cristo nos enseñó y que nos invita a
recorrer: “Si alguien quiere venir en pos
de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame” (Mateo
16:24).
Hemos reconocer en la Cruz todo su contenido, para que no
sea un símbolo vacío, y entonces sí será un signo que continuamente nos
alimente la fe y el estilo de vida que Jesús nos enseñó.
La Espiritualidad
de la CRUZ
Nuestro cristianismo tiene mucho que ver
con la espiritualidad de la cruz y no podemos
permanecer indiferentes a ella. La cruz
37
es el
camino, el medio en el cual simbolizamos nuestra muerte al pecado y al mundo.
En la Palabra de Dios según la carta de
San Pablo a los Filipenses, Capítulo 2, versículos 5ss, aparece un texto
precioso que es un himno maravilloso a Jesucristo. Dice San Pablo:
"Tengan unos
con otros la manera de pensar propia de quien está unido a Cristo Jesús, el
cual, aunque existía con el mismo ser de Dios, no se aferró a su igualdad con
El, sino que renunció a lo que era suyo y tomó naturaleza de siervo, haciéndose
como todos los hombres y presentándose como un hombre cualquiera, se humilló a
sí mismo haciéndose obediente hasta la muerte, hasta la muerte en la cruz. Por
eso, Dios le dio el más alto honor y el más excelente de todos los nombres,
para que, ante ese nombre concedido a Jesús, doblen todas las rodillas en el
cielo, en la tierra y debajo de la tierra, y todos reconozcan que Jesucristo es
el Señor para gloria de Dios Padre."
Este hermoso himno de San Pablo nos dice
que Cristo Jesús, siendo Dios, se despojó de todo para ser como nosotros,
asumir el calvario y morir abandonado por todos con la muerte más vergonzosa,
la de la cruz, para que a través de Su muerte fuéramos en El glorificados. El
fue el primero en ser glorificado. Después de El seremos glorificados nosotros,
pero a través de la cruz.
Cristo es Dios,
pero al hacerse hombre en un niño pobre, se despojó de todo lo que Dios tiene,
sin dejar de ser Dios, y asumió la condición humana y sencilla de un hombre
pobre. Entonces, aún siendo Dios, se despojó de todo y no gozó de ninguno de
los grandes, totales e infinitos privilegios de ser Dios. Lentamente, como
oveja llevada al matadero, el siervo doliente que aparece en la Sagrada
Escritura, en el libro del Profeta Isaías, va asumiendo el papel de mártir
hasta morir por los pecados de todos.
Para San Pablo todos debemos pasar por
una purificación, un despojo; dejar atrás el hombre viejo, sepultado y muerto.
Eso es lo que implica el camino de la salvación. Pablo compara esa purificación
con la que experimentó Jesús.
Si queremos ser cristianos, tenemos que seguir el mismo camino que
siguió Cristo. Sin dejar de ser felices, de vivir una
38
vida
plena y de tener el más grande amor, tenemos que purificarnos y asumir esa cruz
camino al calvario. Para el hombre y la mujer de Dios, el camino se va
estrechando y apretando en la medida en que más se definan, sigan a Cristo y se
hagan del Señor. Entonces, se van despojando de cosas innecesarias y
superfluas, dejan de invertir tiempo en cosas vanas y tontas, de servir al
mundo en aquello que es pecado. Poco a poco se ven más comprometidos, definidos
y auténticos y menos enredados en las tonterías del mundo.
La persona se va tornando más seria y
comprometida, pero más feliz, auténtica y en paz, porque ya tiene menos enredos
en el mundo. Ese es el camino de la purificación y la espiritualidad cristiana.
Si usted sigue ese camino y sube hasta la cumbre, sentirá que se va despojando
de cosas innecesarias, tonterías y absurdos existenciales que producen una
ridícula vanagloria.
Entonces, sin
dejar de preocuparse por sí misma, la persona sufre un proceso de purificación
en el que se va despojando de cosas que no son importantes. La mujer que quiere
ser en verdad cristiana deja de ir tanto al salón de belleza para asistir más
al templo y leer más la Palabra. Las gavetas del armario se van quedando
vacías, porque se va deshaciendo de ropa que muchas veces no necesita ni
utiliza, para dársela a otras personas que la necesitan más. ¿Para qué tener
abandonados esos zapatos que le sobran y además nunca usa, cuando otro los está
necesitando?
La persona que es
de Dios pone todo en su sitio: lo que antes era importante y preocupante, como
la fama, el buen nombre o el qué dirán, se convierte en una cosa secundaria y
aparece Cristo, el Señor y la construcción del Reino como lo único importante.
La vida se hace más sencilla, menos complicada y más evangélica. Ese es el
camino estrecho, el camino de la salvación.
El hombre y la
mujer que son de Dios se liberan de apegos y dependencias que en el pasado lo
hacían sentirse bien, pero ahora no importan. Escogen la mejor parte, como
María. ¿Recuerdan esas dos hermanas y su conflicto con Jesús? Marta servía,
pero María se quedaba a los pies de Jesús. Dentro del corazón de María, su alma
palpitaba sintiendo Su presencia y dejó todo para escuchar al Maestro. Atareada
y abrumada por los quehaceres en la cocina, Marta se molestó y dijo a Jesús que
regañara a su hermana porque no la ayudaba. Jesús le contestó, ay Marta, te
39
afanas por muchas cosas, pero en definitiva lo único importante es lo
que María está haciendo ahora. La vida, mientras más evangélica es más
sencilla. El que vive muy apegado a cositas y tonterías, a las que convierte en
fetiches y a las que adora y guarda con gran celo, se va dando cuenta del poco
valor que realmente representan esas cosas. Eso es camino de redención y
salvación.
Usted podrá estar metido en muchas
luchas, pero adquiere una sencillez y un desapego a muchas cosas que en el pasado
eran importantes y por las que era capaz de jugarse hasta la vida. ¡Es una
tontería jugarse la vida por lo secundario! Juéguese la vida por Dios y por Su
Reino. Esa es la espiritualidad de la cruz, que es camino salvífico.
NUESTRA VIDA ES UNA VIDA DE CRUZ QUE NOS PURIFICA
El Plan de Dios para la Salvación
Amigo mío: Te voy a hacer la pregunta
más importante de tu vida. El gozo o la tristeza que experimentes en la
eternidad dependen de tu respuesta. La pregunta es: ¿Estás salvado? La pregunta
no es cuán bueno eres, o si perteneces a alguna iglesia, sino ¿estás salvado?
¿Estás seguro que irás al cielo cuando mueras?
Dios dice que para ir al cielo, tienes
que nacer de nuevo. En Juan 3:7, Jesús le dijo a Nicodemo, “Os es necesario
nacer de nuevo”. Dios nos da en la Biblia el plan de cómo nacer de nuevo, o
cómo salvarse. Su plan es muy sencillo y tú puedes salvarte el día de hoy.
¿Cómo?
En primer lugar, amigo mío, debes reconocer que eres pecador. “Por
cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios”(Romanos 3:23).
Por cuanto eres pecador, estás condenado a la separación eterna de Dios.
“Porque la paga del pecado es muerte” (Romanos 6.23). Esta muerte incluye una
separación eterna de Dios en el infierno. “ . . . está establecido
40
para los
hombres que mueran una sola vez, y después de esto el juicio” (Hebreos 9:27.
Sin embargo, Dios te amó de tal manera
que dio a su Hijo unigénito, Jesucristo, como tu sustituto. El pagó por tu
pecado en la cruz y murió en tu lugar. “ . . . por nosotros Dios lo hizo pecado
[A Jesús, quien no conoció pecado] para que nosotros fuésemos hechos justicia
de Dios en él” (2 Corintios 5:21).
Jesús tuvo que derramar su sangre y
morir por ti. “Porque la vida de la carne en la sangre está”, (Levítico 17:11).
“Sin derramamiento de sangre no se hace
remisión” (Hebreos 9:22).
“Mas Dios muestra su amor para con
nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros” (Romanos
5:8).
Nuestra mente no alcanza a comprender
cómo Jesús fue juzgado por todos nuestros pecados, pero Dios así lo afirma en
su Palabra. Así que Jesús pagó por tu pecado y murió por ti. Esto es verdad,
Dios no puede mentir.
Amigo mío, “Dios . . . ahora manda a
todos los hombres en todo lugar, que se arrepientan” (Hechos 17:30). Este
arrepentimiento es un cambio de mente, es aceptar delante de Dios que eres
pecador y necesitas apropiar lo que hizo por ti en la cruz.
En Hechos 16:30-3l, el carcelero de
Filipos les preguntó a Pablo y Silas: “ . . . Señores, ¿qué debo hacer para ser
salvo? Ellos dijeron: Cree en el Señor Jesucristo, y serás salvo . . . ”.
Simplemente cree que él pagó por tus pecados, murió en tu lugar, fue sepultado,
y resucitó. Esta resurrección le asegura al creyente que tiene vida eterna
cuando recibe a Jesús como su Salvador personal.
Simplemente tienes que creer que él pagó por tus pecados, murió en tu
lugar, fue sepultado y resucitó por ti. Luego invócalo. “Porque todo aquel que
invocare el nombre del Señor, será salvo” (Romanos 10:13. “Todo aquel” te
incluye a ti. “Será salvo” no significa que quizá sea salvado, sino que afirma
que será salvado. “Mas a todos los que le recibieron, a los que creen
41
en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios” (Juan
1:12).
En Lucas 18:13 encontramos que el pecador oró: “ . . . Dios, sé
propicio [misericordioso] a mí, pecador”. Seguramente te das cuenta que eres
pecador. Ahora mismo, dondequiera que estés, dirígete a Dios y con tus propias
palabras ora así:
“Dios, sé que soy un pecador. Creo que Jesús
fue mi sustituto cuando murió en la cruz. Creo que su sangre derramada, su
muerte, sepultura, y su resurrección fueron para mí. Lo recibo ahora como mi Salvador.
Te agradezco el perdón de mis pecados, el regalo de la salvación y la vida
eterna, por su gracia misericordiosa. Amén.”
Abrázate de Dios y su Palabra, y reclama esta salvación por fe. Cree,
y serás salvo. Ninguna religión ni ninguna obra buena puede salvarte. Recuerda,
Dios es el que salva.
Resumiendo, el plan de Dios es sencillo: Tú eres pecador. A menos que
creas que Jesús murió en tu lugar, pasarás la eternidad en el infierno. Si
crees en él como tu Salvador, crees que fue crucificado, sepultado y que
resucitó por ti, recibirás por fe el perdón de todos tus pecados y el regalo de
la salvación eterna.
Quizá piensas que esto no puede ser tan sencillo pero sí lo es, la
Palabra de Dios lo afirma. Amigo mío, cree en Jesús y recíbelo como tu Salvador
hoy.
Si este folleto no está perfectamente claro, léelo varias veces,
pídele a Dios que te ayude a entenderlo, y no lo deseches hasta que lo
entiendas y esta salvación sea tuya. Tu alma vale más que el mundo entero.
“Porque ¿qué aprovechará al hombre si ganare todo el mundo, y perdiere
su alma?” (Marcos 8:36). Asegúrate de ser salvo. Si pierdes tu alma, también
perderás el cielo y lo perderás todo. Permite que Dios te salve en este
momento.
Dios tiene el poder para salvarte para siempre. El también te va a
permitir que vivas una vida cristiana victoriosa. “No os ha sobrevenido ninguna
tentación que no sea humana; pero fiel es
42
Dios, que no os dejará ser tentados más de lo que podéis resistir,
sino que dará también juntamente con la tentación la salida, para que podáis
soportar” (1 Corintios 10:13).
No confíes en tus sentimientos, pues
ellos cambian, afírmate en las promesas de Dios, que nunca cambian. Después de
que has sido salvado, hay tres cosas que tienes que practicar diariamente para
crecer espiritualmente: Ora, de esta manera hablas con Dios; lee la Biblia, así
es como Dios habla contigo; comparte esta salvación que has recibido con otros.
“Por tanto, no te avergüences de dar
testimonio de nuestro Señor,” (2 Tim. 1:8). “Si alguien me confesare delante de
los hombres, yo también le confesaré delante de mi Padre que está en los
cielos” (Mateo 10:32).
Más
Versículos Bíblicos
Juan
3:16, 1 Pedro 2:24, Isaías 53:6, Santiago 1:15, Romanos 10:9-10, Efesios 2:8-9,
Proverbios 27:1, 1 Corintios15:3-4, Juan 10:27-30, 1 Juan 5:13
REDENCIÓN
Diccionario Enciclopédico de Exégesis y
Teología Bíblica
1. ANTIGUO TESTAMENTO. 2. NUEVO
TESTAMENTO
1. ANTIGUO TESTAMENTO
Los verbos preferentemente utilizados en
el Antiguo Testamento para designar la acción redentora de Dios son [ j¨s`]
(hifil), [pdh] y [g`l].
El primero significa <ayudar,>, <socorrer>, <salvar>, <acudir en
auxilio>. Aquí se contempla simplemente la acción auxiliadora, o
salvadora Dios que acude en ayuda de un individuo o del pueblo. Dios ayuda
porque es misericordioso, justo, santo. [0 c:fabl) es un concepto procedente del derecho
mercantil con la significación de <rescatar>
o <redimir>. Se utiliza para
el rescate de la vida de hombres y animales que, de acuerdo con las
concepciones jurídicas sacras de la divinidad, pertenece a Dios (Ex 13,15; Nm
3,12; 1 Sam 14,45 y otros). Cuando Dios rescata a su pueblo de la esclavitud de
Egipto (Dr 9,26; 15,15;
43
21,8) o a un individuo concreto (2 Sam
4,9; Jr 1 f.;,,21 ; Os 7,13; job 5,20), no se ningún precio de
rescate, porque el es el creador de toda vida y redime siempre en virtud de su
gracia. [gäàl] es un concepto del
derecho familiar que se utiliza para el rescate de la vida de los parientes
próximos (p. ej,, en el contexto de la venganza de sangre: 35,12; Dt 19,6) o de
las posesiones familiares (Lv 25,25s.) o para cumplimiento de la ley del
levirato. (Rut 3,9.12). A Dios se le puede llamar goel (rescatador) de su pueblo (p. ej... Is 41,14), no porque este
vinculado a Israel por lazos de sangre, sino porque se ha puesto, por su libre
decisión, del lado de su pueblo, con el que ha concluido una alianza. Padah y gãál han perdido con frecuencia su significación concreta de
<rescate> o <desempeño> y conservan el sentido, mas genérico, de <salvar>,
<liberar>. Hay, además, una gran variedad de verbos que aclaran el
sentido de la intervención redentora de Dios: sanar (Sal 8,8), vivificar (Sal
119,25.30,93), proteger, preservar (Is 38,17; Sal 86,2), apoyar (Sal 119,116),
intervenir (Sal 18,17), <restituir> (Job 33,30), cobijar (Sal 17,18),
salir al encuentro (Sal 17,13; 22,6), alzar (Sal 30,4; 40,3), conceder espacio
o alivio (Sal 4,2), arrancar (Sal 144,7.10), sacar (Sal 107,28). Señalan,
asimismo, las múltiples modalidades de la indigencia humana y su consiguiente
necesidad de ayuda y redención, por ejemplo, la caída en el pecado, la
enfermedad, la persecución, el destierro, la esclavitud, la violencia, la muerte.
Aquí la mirada se dirige a la liberación de una necesidad terrena. No parece
darse todavía una redención orientada a la vida ultraterrena tras la
resurrección, dejando aparte los textos influidos por la apocalíptica en la
fase tardía del Antiguo Testamento.
Redimir es tarea
exclusivamente reservada a Dios. Su acción redentora se manifiesta
preferentemente en la elección y la historia de Israel. Dios ha rescatado a
Abrahán, el antepasado fundador del pueblo (Is 29,22), .Esto significa que le
ha sacado y guiado desde el país <al otro lado del rio>, donde el y sus
antepasados veneraban a otros dioses (Jos 24,2). En recompensa por su
obediencia, recibió la promesa de una descendencia innumerable, Por su medio
serán bendecidos todos los pueblos de la tierra (Gn 18,18; 22,170. En los
relatos de Jacob y de Jose, la providencia de Dios soluciona el conflicto entre
hermanos y lo encauza a la reconciliación, de modo que el linaje de Jacob
sobrevive al hambre y se mantiene a salvo de odios autodestructivos (Gn 27-35,
37-50).
La acción redentora
mas sobresaliente consistió en liberar al pueblo de la servidumbre egipcia, con
el paso del mar de las Cañas (Éxodo).
Esta acción
redentora pudo vincularse con el nombre de Dios mediante la formula
confesional: <Yo soy Yahveh, tu Dios, que te ha sacado del país de
Egipto> (Sal 81,11) y ha entrado a formar parte del credo de Israel. Como
trasfondo histórico se barrunta una intervención salvadora prodigiosa en favor
de nómadas fugitivos que, perseguidos por enemigos mortales, pudieron cruzar
por aguas peligrosas siglo XIII a.C.?). La historia fue más tarde ampliada:
44
Israel era esclavo
de Egipto, Moisés es llamado por Dios y recibe el encargo de liberar al pueblo,
el Faraón se ve obligado, por imperativo de .Dios, a dejar salir al pueblo
(plagas de Egipto), Yahveh rescata al esclavo Israel. La significación de este
acontecimiento fue realzada mediante la inclusión de la idea de la alianza y de
las revelaciones de la ley. Con la fiesta de passah echó raíces en el culto.
La segunda gran experiencia de rescate
fue el retorno del exilio babilónico impuesto por Nabucodonosor. Según Is 52„7,
un mensajero de la dicha, que trae la paz, la felicidad y la salvación, anuncia
la acción redentora con las palabras <Reina
tu Dios>. Es notable la confluencia de los conceptos mensajero de dicha,
salvación y realeza de Dios. Dios se manifiesta como rey de Israel al rescatar
a so pueblo de la esclavitud terrena. El éxodo de Egipto y el retorno del
exilio se convirtieron en el prototipo y modelo del rescate del fin de los
tiempos (Jr 23,7s.; Is 43,1619; 51,9s.).
En el tiempo escatológico, -Dios
liberará a su pueblo de la opresión externa, reunirá a los dispersos (Miq 2,12;
Is 11,12; Jr 32,37 y otros) y purificaran sus corazones (Ez 11,19; 36,26s.). Concluirá una alianza nueva
(Jr 31,31-34). A veces la redención parece ampliarse hasta adquirir una
dimensión universal y cósmica (Is 66,18-22: 65,17; Mal 1,11). Se mantiene viva
en los profetas la esperanza en un re y mesiánico de casa de David (Is 9,6; Ez 37,22ss.;
Am 9,11; Zac 4,6-14).
2. NUEVO
TESTAMENTO
En las concepciones
sobre la redención del Nuevo Testamento perviven y se mantienen eficaces las
del Antiguo, pero ahora bajo una forma modificada.
a) El centro de la. Proclamación de
Jesús y de los evangelios es el reino de Dios. Solo cuando este reino logre
implantarse plenamente quedará asociado el anhelo humano de redención. La
redención es la salvación definitiva a que está destinado el hombre, es su
futuro absoluto. No puede ser alcanzada por medio del esfuerzo humano, sino que
es puro don de Dios (Mt 6,10; 42,32; 22,29). No es posible imponerla por medios
políticos o militares (contra el zelotismo). Se les promete preferentemente a
los pobres y marginados de la sociedad, porque so existencia está remitida a
Dios (Le 6,20ss.). La redención es en primer termino la salvación que se espera
en el futuro, aunque puede percibirse y experimentarse su eficacia redentora ya
ahora, en las acciones de Jesús y de sus discípulos sobre todo en las
curaciones y los exorcismos (Lc 11, 20 par.; Mt.10,7s.) también en su trato y
contacto liberador con los recaudadores de impuestos, los pecadores, las
prostitutas, que indica que ha venido ya el año de gracia de Dios (Lc 4,19;
15). El macarismo de los
45
pobres no es un consuelo
fácil que remite a un lejano Más Allá, sino una promesa real de salvación. En
todo caso, se mantiene en pie y se garantiza la reserva escatológica. Lo que se
experimenta aquí y ahora les parece a algunos demasiado poco y de hecho es poco
comparado con la revelación definitiva del reino de Dios, aunque ciertamente
los modestos inicios garantizan un final grandioso. Así lo explican las
llamadas parábolas del crecimiento (Mc 4,3-9.26-32). Esta asimismo relacionada
con el reino de Dios y la redención la exigencia de conversión, que adquiere
,perfiles concretos en las clausulas del Sermón del monte: su cumplimiento
seria ya en si misma un primer paso liberador hacia su repercusión eficaz en el
mundo. La concepción del reino de Dios desborda las fronteras nacionales, en
contraposición a las concepciones de los fariseos, para quienes era importante
el restablecimiento del trono de David. (cf. SalSa 17). Este reino es
entendido, desde sus inicios (cf. Mt 8,11 par.), como una dimensión universal.
b) Pablo inserta firmemente
la redención en la cruz y la resurrección de Cristo. Ambas son para el la
síntesis del evangelio (1 Cor 15,1-5), según el cual Cristo murió por nuestros
pecados, del mismo modo que fue resucitado para nuestra justificación (Rom
4,25). Tal vez en esta concentración estaba influido por formulas precedentes.
En todo caso, desarrolla una concepción soteriológica genial, íntimamente
vinculada al destino de Cristo. Su exposición más perfecta, coherente y cerrada
se encuentra en la Carta a los romanos. Tras haber descrito la perdición del
género humano, es decir, tanto de los judíos como de los paganos (3,9:
<todos están bajo pecado>), expone, con la mirada puesta en el
acontecimiento de la cruz, que interpreta como revelación, su doctrina de la
justificación del hombre por la fe (3,21-26). Dado que únicamente la Fe
justifica, esta vía de acceso está abierta a todos los hombres, no solo a los .judíos.
Y así es como conviene a la unicidad de Dios (3,30). Se explica la fe
justificante de la mano del ejemplo de Abrahán, que se insertó en la promesa y
creyó contra toda esperanza, del mismo modo que el cristiano cree en Dios que
ha resucita.do a Jesús de entre
los muertos y a una con ello, cree también en su acción redentora, que supera
toda experiencia humana (Rom 4). La redención es, además, para Pablo,
liberación del pecado como poder funesto, que ha entrado en el mundo por medio
de la desobediencia de Adán y en cuya acción mortal se ven envueltos todos los
hombres. Se celebra a Cristo como el nuevo Adán que, en virtud de su
obediencia, ha quebrantado el poder del pecado y ha sido declarado gula y jefe
de una humanidad nueva, destinada la vida (Rom 5,12-21). Hemos sido finalmente
liberados de la escisión profunda entre el bien y el mal que había provocado el
pecado, se había instalado en nuestro interior y se alzaba siempre con la
victoria (7,725a). La liberación se produjo mediante el don del Espíritu Santo
(8,1-11), por media del cual se ha derramado el amor de Dios en nuestros
corazones (5,5) y nos capacita para las obras del amor. La metáfora del rescate
es utilizada
46
pocas veces, pero
en pasajes centrales, especialmente en (Gal: <Cristo nos rescató de la
maldición de la ley haciéndose maldición por nosotros>. (3,13).
El envió del Hijo al mundo se produjo, <para que rescatara a los que estaban
bajo la ley; a fin de que recibiéramos la adopción filial> (4,4s.), Se
discute si el verbo <rescatar> se emplea aquí en su significación
simbólica real. En este caso, su trasfondo sería el rescate jurídico sacro del
esclavo. Conviene señalar que el propietario de los esclavos es la Torá y que Pablo entiende que esta
situación bajo la ley es pasajera. La liberación de la esclavitud se produjo
mediante la adquisición del estatus de adopción. Se desborda así el marco
comparativo del rescate de esclavos y se advierte claramente que el hilo de la
argumentación no está determinado por el lenguaje simbólico sino por el
contenido teológico. Así se expresa, de manera singularmente. destacada, cuando
se aduce el motivo a partir del cual actúa Cristo, a saber, el amor (<hecho
maldición por nosotros>). Cuando,
pues, en 1 Cor 6,20 y 7,37 se llega incluso a mencionar el precio del rescate,
la pregunta que debe formularse no es a quien se ha pagado este precio. La idea
es que ahora los cristianos, en cuanto comprados, tienen un nuevo dueño.
Son
también temas paulinos la paz y la reconciliación que, sobre todo en las cartas
deuteropaulinas a los efesios y los colosenses, son entendidas en sentido
universal, cósmico. Dado que Cristo es <nuestra paz >, reúne a la
humanidad escindida, judíos y gentiles, en un tercer linaje reconciliado (Ef
2,14-18; cf. 1,10). El universo ha sido reconciliado media me la muerte de
Cristo (Col 1,20). En esta sentencia están incluidos incluso los poderes
espirituales que perturban la creación (Ron 8,18-23).
c) El concepto de redención de los
escritos joaneos se entiende desde el trasfondo de un dualismo consecuentemente
construido, pero que no debe ser concebido -como el de la gnosis, al que
precisamente se enfrenta- en una dimensión metafísica, sino como un dualismo de
decisión. El mundo entero está sometido al Maligno (1 In 5,19), es un espacio
de tinieblas en el que se han aclimatado el odio, la mentira y la muerte. Y,
sin embargo, Dios ama al mundo. Así lo demuestra al enviar a
su
Hijo. El Hijo ha sido enviado para salvar al mundo (Jn 3,16s.). Todos
los hombres están llamados a decidirse frente al Revelador. La teología joanea explica el alcance de esta decisión en el marco de una escatología concebida coma ya presente. Quien no crea ya ha sido juzgado, el creyente no es juzgado (3,18), pues ha conseguido ya la vida eterna, ha pasado de la muerte a la vida (5,24; 11,25s.). El Padre y el Hijo vendrán y fijarán su morada en aquel que se deje alcanzar por el amor (14,23). Los dones de la salvación están indisolublemente vinculados a Jesús. El es la luz del mundo (8,12), la puerta (10,7.9), la resurrección (11,25), el camino, la verdad y la vida (14,6). Ha venido para llevar a su consumación la obra de la salvación (19,30) al morir para la vida del mundo (6,51) y asumir sobre sí los pecados del mundo (1,29). Son también dones salvíficos la paz (14,27; 16,33), la
los hombres están llamados a decidirse frente al Revelador. La teología joanea explica el alcance de esta decisión en el marco de una escatología concebida coma ya presente. Quien no crea ya ha sido juzgado, el creyente no es juzgado (3,18), pues ha conseguido ya la vida eterna, ha pasado de la muerte a la vida (5,24; 11,25s.). El Padre y el Hijo vendrán y fijarán su morada en aquel que se deje alcanzar por el amor (14,23). Los dones de la salvación están indisolublemente vinculados a Jesús. El es la luz del mundo (8,12), la puerta (10,7.9), la resurrección (11,25), el camino, la verdad y la vida (14,6). Ha venido para llevar a su consumación la obra de la salvación (19,30) al morir para la vida del mundo (6,51) y asumir sobre sí los pecados del mundo (1,29). Son también dones salvíficos la paz (14,27; 16,33), la
47
reconciliación (1
Jn 2,2), el gozo (Jn 15,11), la amistad con Cristo (15,14s.). Cristo
envía al Paráclito que guiara a los discípulos hasta la verdad plena, les
enseñará y les capacitará para ser testigos (14,26; 15,26s.).
d) Es especial mente en la Carta a los hebreos, que
presenta a Cristo como sumo sacerdote, donde adquiere la muerte expiatoria su
significación suprema. .Este sumo sacerdote se ofreció a si mismo (7,27). El
resultado del sacrificio es la anulación de los pecados (2,17: a fin de expiar
los pecados del pueblo; 9,14: purifica nuestra conciencia de las obras muertas;
9.15: redime de los pecados cometidos durante la primera alianza; 9,28:
mediante su sacrificio ha quitado los pecados de muchos). Todos estos
enunciados están impregnados de sentido bíblico, porque el pecado es el gran
obstáculo en el camino hacia Dios. Por eso, la acción de Cristo también nos ha
consagrado (10)10) y ha
perfeccionado para siempre a los consagrados (10,14). En ese sentido, puede
instarse a acercamos (a Dios) pues hemos <lavado el cuerpo con agua pura>
(10,22, alusión al bautismo).
*
Bibliografía: CH. BART, Die
Erretung von Tode in den individuelen Klage- und Dankliedern
des AT, Zollikon 1947; S.
HERRMANN, Die prophetische Heitserwartung im AT, St 1965; S. LYONNET, De
peccato et redemptione, R
1957-1959; J. G. GIBIRS, Creation and Redemption, Le 1971; j. GNILKA, Theologie
des NT Fr 1994, pap. 77-108;
159165, 275-294, 375-385; G. L. MÜLLER, Dogmática, Herder, Ba 2009, pAgs. 372-387.
Joachim Gnilka
REDENTOR
En
el Antiguo Testamento„ Dios es el redentor (goel)
de su pueblo, su creador y configurador, al que llaman por su nombre (Is
43,1). El es el redentor santo de Israel (41,14), que ha demostrado su
actuación salvadora al guiar a su pueblo (Ex 6,6; 1.5,13; 4'4,6.22 y otros),
con el que se sabe vinculado mediante su alianza. Pero actúa como redentor
sobre todo en la liberación de la esclavitud de Egipto: <Yo soy Yahveh, tu
Dios, el que te guió desde Egipto> (Sal 81,11), El concepto
veterotestamentario de <redentor> se toma del derecho familiar, donde
designa el rescate de las posesiones familiares o de la vida, mientras que el
nombre neotestamentario es salvador. Llama la atención el hecho de que esta
denominación aparece preferentemente en los escritos neotestamentarios tardíos
(en el corpus de los sinópticos sólo en Lc 1,47; 2,11), y más en particular en
las cartas pastorales y en 2 Pe. Puede aplicarse el calificativo a Dios (Lc
1,47; 1 Tim 1,1; 2,3 y otros) y, con idéntico sentido, a Cristo. Tal vez esta
presencia tardía se deba a que para entonces se hacía ya ineludible el enfrentamiento
con las divinidades redentoras competidoras (religiones mistéricas) y el culto
imperial. Es instructivo a este respecto el relato de la noche de Navidad, que
se inicia
48
con el edicto
imperial del emperador Augusto: el ángel proclama: <hoy os ha nacido un
Salvador (Soter)> (Lc 2,11). Según
Jn 4,42; 1 Jn 4,14, Cristo es el Salvador del mundo. En los escritos
protopaulinos, el termino Soter sólo se encuentra
en Flp 3,20, donde se cita la que es probablemente la más antigua formula de la
fe: se espera a Cristo como Salvador del cielo en su parusía y para nuestra liberación definitiva,
cuando configurará la humilde condición de nuestros cuerpos y los igualará al
cuerpo de su condición gloriosa.
·
Bibliografía: W. STAERK, Soter Die biblische Erölser-Erwartung
als religionsgeschichliches Probem, 2 vol., Gt 1933 y 1938; F. J. DöLGER,
Antike und Christentum, vol. 6, Ms 1950, págs. 241-272; 0. S. Berge < Our
G'reat God and Saviour> A Study of Soter as Christoligical Title in Tit
2,11-141 Dis. Union Theol Seminary in Virginia, 1973.
Joachim
Gnilka.
Diccionario Enciclopédico de Exégesis y Teología Bíblica
REINO DE DIOS
1. Antiguo Testamento.
2. Judaísmo temprano. 3. Nuevo Testamento 1. ANTIGUO TESTAMENTO
Las
formaciones abstractas para designar el reino, el reinado y la realeza de Dios
([malküt] realeza, poder del rey: Sal 103,19; [malükä], dominio real: Sal
22,29; [mamlälä], reino: 1 Cró 29,11;[maemsälä] dominio, reino: Sal114,2) no
aparecen en el Antiguo Testamento hasta fechas relativamente tardías. Aquí, los
conceptos dominio o de reino se entienden funcionalmente como el poder ejercido
de hecho, mientras que la realeza se refiere a la institución coordinada con
aquel poder. Aunque en el terreno histórico la concepción de realeza de Yahveh
no aparece testificada en la época preestatal, está fuera de toda duda que la
idea del reino y del reinado ha tenido desde los orígenes, en razón de su
conexión esencial con Yahveh y con su revelación historicosalvifica, una
significación central para Israel. Un elemento característico para la
concepción del reino y del reinado de Dios en el Israel preestatal es la fe,
que se encuentra ya en la religión de los patriarcas, en un Dios Padre
trascendente y personal que se revela en el mundo a los que el ha elegido, los
congrega, como hermanos y hermanas, de manera análoga a la solidaridad que él
practica con los hombres, los defiende contra los ataques y se descubre a
ellos, en la intrahistoria, en el campo de tensión de promesa y
49
cumplimiento
(descendencia y tierra), como quien camina junto a ellos y está presente aquí
para ellos (Gn 12-50). También durante la etapa de asentamiento de Israel en
Canaán, cuando la asociación tribal era sociedad segmentada sin una instancia
central que ejerciera el domino político, la idea del reino y del reinado de
Dios marcó con su sello la fe del pueblo, tal como testifican la reclamación de
exclusividad de .Yahveh frente a los dioses extranjeros y sus
adoradores, las celebraciones de las fiestas principales en el santuario y el
solemne festejo del día séptimo (Ex 34,1026), así como las acciones
libertadoras de Yahveh, entendidas como demostraciones de su justicia (Jue
5,11). El establecimiento de la monarquía de David en Jerusalén y la
centralización del culto de Yahveh en el templo de Sión introdujeron una nueva
concepción de la fe en el reino, el dominio y la realeza de Dios. El domino
universal madurado en el curso de los enfrentamientos con la concepción
paleooriental de la realeza transmitida a través de Canaán, ejercido a modo de
un consejo del trono celeste y asegurado en virtud de la victoria sobre el Caos
frente a catástrofes cósmicas, como función arquetípica para todas y cada una
de las realezas terrestres, dio origen una nueva concepción de la fe que
interpretaba ahora La supremacía de Yahveh en el sentido de su superioridad
absoluta sobre todos los dioses y todos los seres divinos, asentado en su trono
muy por encima de los torrentes del Caos y como señor todopoderoso que impera
sobre el universo en la creación y en la historia (Sal 93; 95-99), que tiene en
Sión el lugar de la presencia de su revelación (Sal 46-48) y en David a su
representante en la tierra (Sal 89). En oposición a la perversión del ideal
teocrático introducida en Israel, y con la critica a la falta de voluntad y a
la incapacidad del pueblo, apartado de Yahveh, de dar respuesta satisfactoria a
la reclamación ética del reino y de la realeza de Dios, la profecía preexílica
anunciaba que la realeza de Yahveh manifestada en Sión se transformaría en
castigo (Is 6,1-11) y que todas las demasías contra la divinidad perpetrada en
Israel (Am 8,2; Ez 7,2) y en el mundo de los pueblos (Is 10,5-15) tocarían a su
fin. Tras el hundimiento de la monarquía davídica y en conexión con el
conocimiento revelado de la conversión en el castigo y de la salvación de un
Resto, la profecía postexílica transformaba la concepción tradicional del reino
y de la realeza de Yahveh y la situaba en una perspectiva escatológica. A
partir de ahora, y empalmando con el nuevo éxodo del exilio como testimonio de
la realeza de Yahveh (Is 41,21; 43,15; 44,6), Israel se encamina de nuevo hacia
Sión (Is 52,7), donde al final de los días -Yahveh, como salvador de
su pueblo (Is 33,17.22) y rey de la creación entera (Is 24,23) revelará, tras
el sometimiento de sus enemigos (Zac 14,9) y la aniquilación de la muerte (Is
25,8) un reino universal de paz para todo el orbe (Is 2,2ss.), con un nuevo
David (Is 11,1-9). La apocalíptica introdujo, a continuación, mayor calado
teológico en esta concepción de la fe al trazar, por un lado, una estricta
línea de separación entre el reino de Dios manifestado en Israel y el dominio
histórico de los imperios paganos y al establecer, por otro lado, en virtud del
enfrente metahistòrico, una estrecha
50
vinculación con este reino (Dn 2,31-45;
ya sea porque Dios dirige (Dn 2,21) y pone a su servicio a los poderes
políticos (Dn.1,1 s.) o por la oposición del Antiyahveh (Dn. 7,23-27; 8,9-12).
El camino de Israel bajo el reinado de Yahveh se convierte en el lugar de la
acreditación de la fe y de la salvación (Dn 3 y 6), anterior al reino y al
reinado eterno que Dios entregar, al Hijo del hombre como representante de Dios
(Dn 7,13s.) que liberado de cualquier otro poder (Dn 7,11), abarca la creación
entera, transformada en nuevo cielo y nueva tierra (Is 65,17).
Bibliografía:
M. BuBER, <Konigtum Gottes,), en
Obras completas, vol. 2. M 1964,
págs. 485723; J . COPPENS, La royauté <Le
regne> Le royaume de Dieu, Cadre de la releve apocalyptique, Lv
1979; TRE 15, págs. 176-189 (bibliografía) (E. ZENGER); E. Lipinski, La
royautei de Yahwe dam la
poesie et le culte
de l'ancien Israel, B1
21968; E. HAAG, <Gottes Herrschaft und Reich irn AT>, IKaZ
15 (1986), págs.
97-109.
Ernst
Haag
Diccionario Enciclopédico de Exégesis y
Teología Bíblica
2.
JUDAISMO TEMPRANO
El
concepto de reino a respectivamente
de reinado y de realeza de Dios es una formación abstracta surgida en el judaísmo
temprano que tiene como base el enunciado veterotestamentario verbal <Dios
es rey>. Esa concepción se orienta, en primer lugar, a un reino de Dios
permanente o actual (casi siempre imaginado como universal): Jdt 9,12; Dn 3,33
(100); 4,31; 6,27s.; Henet 9,4s.; 12,3; 25; 27,3; 63,4; 81,3; 84,2-6 y otros;
cf. SalSa 5,18s.; Sab 10,1.0). Alcanzó singular importancia en la etapa del judaísmo
temprano la dimensión escatológica. La esperanza, virulenta desde el exilio, de
que Dios, para demostrar su unicidad (Deuteroisaías; Zac 14,9) liberaría a
Israel de la esclavitud de los pueblos y establecería en Sión su reino (sobre
todo el mundo: Is 52,7-10; 24,21ss.: 25,6ss.) asumió en el s. II a.C., bajo la
presión del dominio extranjero helenista (sobre todo bajo Antíoco IV),
Contornos
apocalípticos. En Lugar de un giro salvífico intrahistórico, se esperaba una
historia nuevamente puesta en marcha por Dios cuya salvación no está ahora
garantizada por medio de un regente humano sino por Dios mismo (Dn. 2,34s.44s.;
cf. la visión de las bestias y el Apocalipsis de las diez semanas de Hertet;
para Egipto: Sib III, 767-784). .En perspectiva metahistórica, este reino y
este reinado de Dios aparecen enfrentados al dominio de Satanás de Belial o (en
conexión con la idea de los Ángeles de los pueblos) entregados a su adversario
Miguel el Hijo del hombre (Dn 7,13s.; 1QM. XVII, 5ss.; cf. Melquisedec (11Q 13 II)
o Miguel y Melquiresa (4Q 544.280). En perspectiva terrena tiene su
correspondencia en el dominio de Israel o respectivamente del colectivo de los
elegidos (Dn 7,18.27; 1QM XII, 15s.; XVII, 7s.). En contaminación con la espera
del Mesías, se llegó a la concepción de un reino mesiánico antes del
51
nuevo eón (4 Esd 7,26-31; 12,31-34) o de
un reino eterno del Mesías (Barsi 39,7; 40,1ss.; 72-74). No tiene nada de
casual que la esperanza de un reinado al final de los tiempos se tomara
particularmente aguda en épocas calamitosas: después de los macabeos, de nuevo
con el inicio del dominio romano (SalSa 17 <en conexión con la espera de un
reino davídico>), después de la creación de la provincia romana de Judea
(Jesús; AsuMo 10,1-10; TestDan 5,10-13; cf. Sib III, 46-62) y tras la
destrucción del templo (4 Esd; Barsi; Dieciocho oraciones 11). Es difícil
determinar, dado el estado de las fuentes, el papel desempeñado por los
movimientos militantes (macabeos, zelotas) en el concepto del reino y el
reinado de Dios, pero es clara, en todo caso, su conexión objetiva con el
movimiento del primer mandamiento.
3.-
NUEVO TESTAMENTO
a)
Evangelios sinópticos. Donde con mayor frecuencia aparece la expresión reino de
Dios (Mt) es en los evangelios sinópticos, donde con este concepto se expresa
el contenido central del anuncio de Jesús. Prolongando la tradición profética
exilica/postexilica, Jesús emplea este término en un sentido exclusivamente
escatológico. En cuanto bien apocalíptico, la implantación de este reino cae
bajo la competencia única. de Dios (Mc 4,26-29; Lc 17,21). El hombre solo puede
suplicar su venida (Lc 11,2 par.). La precedente conexión establecida en la
historia de la tradición entre el reino de Dios e Israel encuentra su
sedimentación en el hecho de que Jesús se dirige en primer termino a este
pueblo (Mc 10,5s.). La situación de juicio y castigo que Jesús, igual que Juan
Bautista, da por supuesta (Mt 3,7-12 par.; Lc 13,3.5) de acuerdo con la
tradición deuteronomista (cf. Dn 9,3-19; Bar 1,15-2,10; Henet 93,8s, y otros)
queda disuelta mediante la proclamación de la salvación escatológica en favor
de Israel. Esto acontece en la bienaventuranza dirigida a los <pobres>, a
quienes se les promete el reino de Dios (Lc 6,20s. par.), o en el enunciado de
la cercanía del reino de Dios (Mc 1,15; Lc 10,9 par.). Condición previa para
ello es que Satanás (coma adversario y acusador de Israel) ha sido arrojado del
cielo (Lc 10,18). Puede, pues, instalarse ya ahora -por la acción eficaz de
Jesús- el reino de Dios en la tierra (Lc 11,20 par.; 10,23s. par.; 19,23 par.;
7,22s, par.: 1.1,31s. par.; Mc 2,19a; 3,27). Jesús se propone introducir a sus
oyentes, sobre todo a través de las parábolas, en el acontecimiento que
convertirá un suceso al principio insignificante en la grandiosa realidad del
reino de Dios (Mc 4,3-9.30ss. par.; Mt 13,44.45s.; Lc 15 y otros). El reino de
Dios es, por un lado, un don que debe ser aceptado (Mc 10,15 par.) pero que,
por otro lado, pide una decisión radical (Mc 9,43.45-47; Mt 11,12s, par.;
especialmente en el caso de los discípulos: Mt 8,21s. par.; Mc 1,16-20).
Incluso enfrentado a la muerte, se atiene Jesús con firmeza a la validez de su
mensaje del reino de Dios (Mc 14,25 par.). La resurrección de Jesús no solo
confirma su mensaje sino que aporta ya una primera realización de su contenido
escatológico, que hasta
52
entonces solo
estaba simbólicamente constituido (en las palabras y los hechos de Jesús). Todo
elle conduce a una intensificación de la espera próxima (dada por supuesta, de
una manera mas bien arrefleja, por Jesús), que a continuación se convierte en
tema expreso y explicito (Mt 10,23; Mc 9,1). En el evangelio de Marcos
(1.3,30), esta espera se inserta en la fe en la presencia del reino de Dios en
las actividades de Jesús y en la proclamación misional de la Iglesia (8,35;
10,29; 13,10; 14,9). Así acontece también, y con mayor fuerza aún, en el
evangelio de Lucas y en lo Hechos (Lc 4,16-30; 10,9.11.; 11,20; 17,20s.; Hch
1,3; 8,12; 19,8), donde el contenido intentado encuentra su expresión adecuada
en el discurso sobre la <proclamación del reino de Dios> (Lc 4,43; 8,1;
9,2.1.1.60; 16,16; Hch 8,12; 19,8; 20,25; 28,23,31). El evangelio de Mateo hace
coincidir la ley y la gracia cuando el Sermón del monte las identifica con el
<evangelio del reino> (4,23; cf, 9,35; 24,24) y pone corno condición para
<entrar en el reino de los cielos> la practica de una <justicia>
superior (5,20; 6,10.33; 18,3; 19,23s) o la herencia escatológica de la que
están excluidos los pecadores (Cor 6,9s,; Gal 5,21; cf. Ef 5,5) que tienen
participación los <pobres>. (Sant 2,5). En 1 Cor 4,20;15,50;Rom 14,17 se
destaca su discontinuidad respecto de las normas y las situaciones de este
mundo.
c) Reino de Dios y
reino de Cristo.
Aunque
el reino de Dios y el reino de Cristo aparecen a veces en paralelo (Ef 5,5; Ap
(1 Cor 11,15; cf. Ap 12,10), no son conceptos sinónimos. La idea del reino de
Cristo está vinculada a contenidos muy diversos: el reino mesiánico del Señor
exaltado (1 Cor.15,24s.; cf. el reino de los mil años
<milenarismo>, Ap 20,1-6), el mundo como reino o zona de dominio del Hijo
del hombre (Mt 13,41), La gloria de Cristo que se manifestará en la / parusía
(Mt 16,28; 20,21; 2 Tim 4,1; cf. Lc 22,29s.), la actual zona de reinado de
Cristo en oposición al mundo (Jn 18,36), el ámbito celeste de la salvación al
que han sido ya trasladados los creyentes (Cal 1,13; cf. El 1,20-23) a lo serán
en el futuro) (2 Tim 4,18; 2 Pe 1,11; Lc 23,42s.).
* Bibliografia: R.
SCHNACKENBURG, Reino y reinado de
Dios, Ma 21970; J, JEREMIAS, Las
parábolas de Jesús, Estella 31971;
R..BULTMANN, <Profecía y cumplimiento>, en Creer y comprender
!!,
Ma 1976, pags. 137-155; J. SCHLOSSER, Le
Regne de Dieu dans les dits de Jesús, 2 vol., P 1980; H.
MMIKLEIN, Die Got-tesherrschaft ats Handlungprinzip, Wu 31.984;
DEM, jesu • Botschaft von der Gottesherrschaft, St 31989;
C. A. ZIGCA R DI, The Relationship offesus and the Kingdom of
God according to LukeActs, R2008; C. C. BLACK, AMark.asHistorian of
God's Kingdom', CBQ 71 (2009), pags. 64-83.
Helmut Merklein
Diccionario
Enciclopédico de Exégesis y Teología Bíblica
53
ASCÉTICA PARTE III
En la celebración de la Eucaristía
En el signo del Pan
y del Vino consagrados, Jesucristo resucitado y glorificado, “Luz para revelación de las naciones y gloria de tu
pueblo Israel” (cf. Lc 2, 32), manifiesta la
continuidad de su Encarnación. Permanece vivo y verdadero en medio de nosotros
para alimentar a los creyentes con su Cuerpo y con su Sangre.
“Porque mi carne es verdadera
comida, y mi sangre es verdadera bebida”. (Juan 6:55); “Estas cosas dijo en la sinagoga, cuando enseñaba en Cafarnaúm”. (Juan 6:59).
Otro de los momentos privilegiados en
que el signo de la Cruz tiene
particular significado es cuando los cristianos nos congregamos para celebrar
la Eucaristía. Además de que la Cruz preside
toda la celebración, en un lugar notorio—no hace falta que esté sobre el
altar—, hay varios momentos en que de una manera u otra hacemos sobre nosotros
mismos la señal de la Cruz: al
principio de la Misa, al comenzar el Evangelio y al recibir la bendición final.
Empezar la Eucaristía con la señal de la
Cruz grande, es como un recuerdo
simbólico del Bautismo: vamos a celebrar en cuanto que todos somos bautizados,
pertenecemos al Pueblo de los seguidores de Cristo, el Pueblo consagrado como comunidad
sacerdotal por los sacramentos de la iniciación cristiana. Todo lo que vamos a
hacer, escuchar, cantar y ofrecer, se debe a que en el Bautismo nos marcaron
con la señal de nuestra pertenencia a Cristo. Además la Eucaristía apunta
precisamente a la Cruz: es memorial
de la Muerte salvadora de Cristo y quiere hacernos participar de toda la fuerza
que de esa Cruz emana, también para
que sepamos ofrecernos a nosotros mismos—la Cruz, hecha nuestra—en la vida de cada día.
En el caso de esta señal de la Cruz que hacemos al principio de la
Eucaristía se añade todavía otro matiz interesante: la hacemos "en el
nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo".
54
Unimos,
por tanto, el símbolo de la Cruz de Cristo con el Nombre santo del Dios Trino.
La Cruz de Cristo y
el Dios Trino están íntimamente relacionados: el Cristo que murió en la Cruz es
el Hijo de Dios, y es el que nos dio su Espíritu. Cuando fuimos bautizados, lo
fuimos también en este santo Nombre de Dios Trino. Cuando se nos perdonan los
pecados, o celebramos los demás sacramentos, invocamos o se invoca sobre
nosotros el Nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Y, además,
trazando a la vez la señal de la Cruz de Cristo en todos los casos. Por tanto,
empezar conscientemente la Eucaristía con este doble recuerdo del Bautismo—la
Cruz y el nombre de la Trinidad—es dar a nuestra celebración su verdadera razón
de ser.
También hacemos la señal de la Cruz,
esta vez en su forma de triple cruz, sobre la frente, boca y pecho, al empezar
el Evangelio. En rigor el Misal (IGMR 95) parece indicarlo sólo del
lector—diácono o sacerdote—, pero es costumbre que toda la comunidad se
santigüe en este momento. El sentido es bastante claro: queremos expresar
nuestra acogida a la Palabra que se va a proclamar. Queremos hacer como una
profesión de fe: la Palabra que escucharemos es la de Cristo; más aún, es el
mismo Cristo, y queremos que tome posesión de nosotros, que nos bendiga
totalmente, a toda nuestra persona (pensamientos, palabras, sentimientos,
obras). Es como si dijéramos: "atención, en este momento nos va a hablar
Cristo Jesús, nuestro Señor, al que pertenecemos desde el Bautismo: su Palabra
es en verdad salvadora y eficaz, y quiere penetrar hasta el fondo de nuestro
ser". Este es también el motivo por el cual, en el rezo de la Liturgia de
las Horas, nos santiguamos al empezar los cánticos evangélicos, el Magníficat,
el Benedictus y el Nunc dimittis: no tanto porque sean cánticos, sino porque
son Evangelio (la única proclamación—cantada, además—del Evangelio en la
Liturgia de las Horas).
Sobre la señal de la Cruz que nos hacemos cuando el presidente nos
bendice para concluir la celebración, cfr. la
reflexión de R. Grández, La bendición final de los actos litúrgicos: Oración de
las Horas 7-8 (1980) 181-184.
55
Sigue diciendo San Pablo en los versículos 13 al 15:
"Ustedes, en otro tiempo, estaban
muertos espiritualmente a causa de sus pecados y por no haberse despojado de su
naturaleza pecadora; pero ahora Dios les ha dado vida juntamente con Cristo en
quien nos ha perdonado todos los pecados. Dios canceló la deuda que había
contra nosotros y que nos obligaba. Lo eliminó clavándolo en la cruz. Dios
despojó de su poder a los seres espirituales que tienen potencia y autoridad, y
por medio de Cristo los humilló públicamente llevándolos como prisioneros en su
desfile victorioso."
Cristo Jesús anuló el documento de la
deuda que usted adquirió desde que Adán y Eva pecaron y Caín mató a Abel y que
era impagable. Con todos los pecados atroces que ha cometido la humanidad,
existía una deuda por la que usted y yo estábamos destinados a la muerte
eterna. Cristo pagó la deuda del pecado del mundo con su muerte en la cruz.
No se asombre
cuando el sacerdote, después de hacer usted su confesión de todos los pecados
que cometió, nada más le pone como penitencia tres Ave Marías. ¡Ni 300 ni 3
millones de Ave Marías, ni 200,000 Padre Nuestros, nada de lo que usted haga
por sí mismo podrá pagar la deuda del pecado cometido! La deuda la pagó Cristo
muriendo y derramando Su sangre en la cruz por usted. La penitencia es un
símbolo con el que, en alguna forma pequeñísima, usted se suma y completa la
pasión de Cristo. Pero el que pagó la deuda de nuestro pecado fue el Señor
Jesús con Su muerte en cruz. Por eso, la cruz es camino salvífico.
Usted solamente podrá asumir plenamente
toda esa bendición si sube al calvario y se deja clavar en la cruz. ¿No cree
usted que mantener la fidelidad y el amor matrimonial es clavarse en una cruz.
¿No es vivir crucificada la madre auténtica que entrega toda su vida al
servicio de sus hijos? ¿No vive clavado en una cruz el empresario honesto o el
campesino serio y trabajador que no roba a nadie?
Lo más fácil y
divertido es ser ladrón y tramposo, consiguiendo dinero mal habido. Ser
contrabandista o narcotraficante produce ganancias y la plata llega rápido. Eso
parece bueno, pero qué maldición se adquiere con ese dinero que cuesta la vida
de otros, como sucede con los que trafican drogas.
56
Pero clavarse en la cruz de la
honestidad, ser un trabajador serio, que se gana cada centavo con el sudor de
su frente, sin quitarle nada a nadie, es subir al monte calvario. Ser fiel en
el matrimonio por amor y no andar con otras mujeres u otros hombres es dejarse
clavar en la cruz del
calvario. Ser fiel no es fácil; cuesta. Pero el que lo hace demuestra que ama y
el amor lleva a la persona a la perfección.
La madre soltera que cuida a sus hijos
pasando toda clase de sacrificios, los cría bien y no los abandona es una mujer
que sube al monte calvario, se deja clavar en la cruz
del amor por sus hijos y se hace santa. Eso es ser
cristiano--mantenerse clavado en la cruz y no
querer escaparse de las cruces para
vivir una vida irresponsable. Como es el caso de esos hombres que hacen hijos
en diferentes partes y nunca los atienden. No aceptan la cruz del compromiso y de adquirir la
responsabilidad de un buen padre con sus hijos.
¡Cuidado, porque los que no quieren
cargar sus cruces se pueden condenar! La cruz
es camino salvífico y solamente aquellos que humildemente suben al
monte calvario y se dejan crucificar por amor serán salvados por el Señor. Que
tengan cuidado aquellos que huyen de las cruces
y prefieren vivir su vida cómoda, tranquila, sin preocupaciones y
viviendo del cuento. Los que no quieren adquirir compromisos en la vida se
están jugando la salvación, porque la cruz
es camino salvífico
LOS ENEMIGOS DE LA CRUZ DE CRISTO
¿Quiénes son los enemigos de la cruz de Cristo? Los enemigos de la cruz de Cristo son los enemigos de la
salvación, porque la cruz es camino salvífico. Son aquellas personas cuyo fin
es la perdición, porque su dios no es el Señor sino sus propios malos apetitos
y deseos y hasta se enorgullecen de lo que debería darles vergüenza.
Esto es lo que nos dice el Señor a través de San Pablo en la carta a
los Filipenses, capítulo 3, versículos 17 al 21, que aclara más el misterio de
la cruz:
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"Hermanos, sigan mi ejemplo y
fíjense también en los que viven según el ejemplo que nosotros les hemos dado a
ustedes. Ya les he dicho muchas veces, y ahora se los repito con lágrimas, que
hay muchos que están viviendo como enemigos de la cruz de Cristo y acabarán por
ser destruidos. Su dios son sus propios apetitos, y sienten orgullo de lo que
debería darles vergüenza. Sólo piensan en las cosas de este mundo. En cambio,
nosotros somos ciudadanos del cielo, y estamos esperando que del cielo venga el
Salvador, el Señor Jesucristo, que cambiará nuestro cuerpo miserable para que
sea como su propio cuerpo glorioso. Y lo hará por medio del poder que tiene
para dominar todas las cosas."
Los que solamente se preocupan por sus
negocios, fincas, reses, cuentas de banco, carros, tractores o por cualquier
otra cosa del mundo se hacen enemigos de la cruz de Cristo, aunque no roben, ni
maten, ni cometan pecados de la carne. Su dios es el mundo y no el Señor. El
amigo del Señor es el que lo pone siempre en primer lugar y cuya primera
preocupación es la construcción de Su reino. ". . . den al César lo que es
del César y a Dios lo que es de Dios" (Lc 20.25).
Entonces, la finca, el ganado, el
tractor y la cuenta de banco deben estar en segundo lugar. Es lógico, porque
¿quién se llevará una vaca o un tractor al juicio final? ¡No nos llevamos nada!
Lo que es timbre de orgullo puede convertirse en motivo de vergüenza en el
juicio final, cuando Dios le reclame que usted se preocupó más por sus vacas
que por sus hijos. O por atender el ganado usted no asistía a misa el domingo.
O usted prefería estar atendiendo sus negocios que rezar. Claro que tiene que
atender su negocio porque como buen administrador debe ser responsable. Sin
embargo, muchas veces olvida que el dueño de la finca, las vacas y de toda su
vida es el Señor. Pero usted nunca se acuerda de hablar con El, de orar ni de
rendirle homenaje como Dios y Rey. Usted se hace, así, enemigo de la cruz de
Cristo y la cruz es su camino a la salvación.
Usted dirá que nunca ha robado. ¿Cómo que no? Acaso no le roba a Dios
el derecho de estar con usted o Su derecho a ser adorado porque usted nunca va
a misa. Usted es un ladrón, porque le ha robado a su esposa el derecho de pasar
más tiempo con usted y a sus hijos el derecho que ellos tienen de ser
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atendidos
por usted. ¡Claro que es un ladrón! Si usted quiere ser del Señor, tiene que
poner al mundo en su lugar.
Es tan ridícula y absurda la forma en
que se maneja la publicidad. Los anuncios que se ven en los medios de
comunicación le aseguran que si usted se pone esa camisa, será una persona
auténtica y feliz; si se pone esos zapatos, será brillante y elegante; si
compra esa marca de carro, será la persona más realizada. ¡Tonterías! Usted
será una persona realizada cuando se convierta a Cristo, se entregue al Señor y
a Su causa y se desarrolle plenamente en el servicio de un mundo mejor. Se
realizará en la medida en que deje atrás lo superfluo y se entregue a causas
que sean auténticas.
En el mundo vivimos engañados, porque
creemos que con un par de cositas seremos mejores y dejamos a un lado a Dios,
que es el único importante.
En la carta de San
Pablo a los Colosenses, capítulo 2, versículos 9 al 12, hay un texto precioso
que nos iluminará más sobre el significado de la cruz, que es el único y
verdadero camino para alcanzar la salvación.
"Porque toda la plenitud de Dios se
encuentra visiblemente en Cristo, y en El Dios los hace experimentar todo su
poder pues Cristo es cabeza de todos los seres espirituales que tienen poder y
autoridad. En El, también, ustedes han sido circuncidados, no con una
circuncisión hecha por los hombres, sino por la circuncisión hecha por Dios al
unirlos a Cristo y despojarlos de su naturaleza pecadora. Al ser bautizados,
ustedes fueron sepultados con Cristo, y fueron también resucitados con El,
porque creyeron en el poder de Dios, que lo resucitó."