lunes, 18 de abril de 2016

EL SEÑOR ES MI PASTOR

«El Señor es mi pastor»
18-04-2016
Señor, Tú me conduces y me guías, por eso yo confío en Ti, pero necesito que aumente mi confianza para que desaparezca la ansiedad que aún permanece en mí, disuelve mis complejos y volverá la paz a mis inquietudes. Quiero vivir el día a día, de 'hora en hora, porque Tú estás en mi. 
El Señor de las aves del cielo, de los peces del mar y de los lirios del campo, es el Pastor de sus ovejas. Si de veras creo en él, quedaré libre para gozar, amar y vivir. Él sacia mi sed en los manantiales cristalinos que brotan de sus inagotables palabras y actos de amor infinito. El Señor repara nuestras fuerzas con su Cuerpo y Sangre, Sacramento de Redención para poder seguir caminando en pos de Él, y por el honor de su Santo Nombre nos lleva por el sendero justo.
Aunque el sol se apague cuando camino junto a Ti, nada me hace temblar, a nada he de temer, porque Tú estas dentro y fuera de mi, tu cayado es la luz que me sosiega. Me siento libre para disfrutar de la vida. Cada instante es transparente, porque no está manchado con la preocupación del mañana. El Pastor vigila, y eso me conforta y me  basta. Felicidad en los prados de la gracia. Es bueno creer en la divina providencia.
Tu misericordia es infinita, como padre amantísimo nos acoge en tu regazo, frente a nuestros enemigos desata toda tu bondad agasajándonos con todo tipo de afectos, ilumina nuestras almas con Tu Amor, perfuma y unges nuestras cabezas, pues, nuestras copas rebozan de dicha y consuelo.
Todos los días de nuestras vidas, tu luz hace brillar nuestras almas, tu amor misericordioso y tu bondad nos invita para que habitemos juntos a ti en nuestros corazones como antesala del Reino de los Cielos. Es bendición seguir las indicaciones del Espíritu Santo en las sendas de la vida. No existe nada más grato que poder decir muy alto y muy claro:«El Señor es mi pastor. Nada me falta».
(Salmo 23)
El Señor es mi Pastor, nada me falta:
en verdes praderas me hace recostar;
Me conduce hacia fuentes tranquilas y repara mis fuerzas; 
me guía por el sendero justo, por el honor de su nombre.
Aunque camine por cañadas oscuras, nada temo, 
porque tu vas conmigo: tu vara y tu cayado me sosiegan.
Preparas una mesa ante mí, enfrente de mis enemigos; 
me unges la cabeza con perfume, y mi copa rebosa.
Tu bondad y tu misericordia me acompañan todos los días de mi vida,
y habitaré en la casa del Señorpor años sin término.


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