La oración nos acerca a Dios.
24-04-2020
Durante estos días de confinamiento, lo he aprovechado para meditar sobre algunos puntos que son muy interesantes para nuestro desarrollo espiritual, a continuación, toco algunos de los temas sobre los cuales he meditado, para no exceder en extensión los temas, los he resumido para poder tener una pequeña idea de los puntos tratados, ya que cada uno necesitaría de un espacio mayor al que ocupa este resumen, espero que queden comprensibles sin que pierdan su integridad.
NOTA: lo marcado en rojo pertenecen a los Salmos y los textos en cursivas son citas del evangelio
La oración nos acerca a Dios
La oración, eleva nuestras almas a Dios, por eso me uno al salmista diciendo: A ti, Señor, levanto mi alma; la oración nos ayuda a elegir nuestro camino, es la lámpara que hemos de encender para que, su luz guíe nuestros pasos. Dios mío, en ti confío no quede yo defraudado. ¡Señor! en tus manos pongo mi vida porque tú eres mi camino, tu camino es amor y entrega. En la oración hemos de entregarnos o ponernos en las manos de Dios, depositando toda nuestra confianza en él. La oración es como la escoba que barre nuestra casa interior, para que, esté limpia y acogedora. ¿A quien se le ocurre invitar a alguien a su casa si la tiene sucia y desordenada? Por eso, orar es limpiar, orar es ordenar, no debemos de olvidar que al mismo tiempo somos la casa, y el que acoge.
Cristo es nuestro camino
En el camino de Cristo, todos aquellos que optamos por el, somos novicios. El aprendiz, debe de seguir las enseñanzas del maestro, somos discípulos de Cristo, por tanto: Nuestro caminar ha de ser seguir sus huellas, aceptando sin resquicio la Divina Voluntad de nuestro Padre Celestial. Para comenzar nuestro particular camino, hemos de predisponernos con una plegaria. “Mírame, oh Dios, Ensancha mi corazón oprimido y sácame de tribulaciones. Porque, muchas son nuestras dificultades e, incalculables las que nos esperan al transitar por tan áspero y tortuoso camino.”
Su palabra es nuestra luz
“El Verbo se hizo carne y habita entre nosotros”, hay quien dice ”y habitó”, yo digo “y habita”, porque: Él está y estará entre nosotros hasta el fin de los tiempos, además, el Espíritu de la Palabra está en los “Textos Sagrados o Evangelios,” la Palabra está viva y es tan actual como al principio, esta palabra o Verbo es Dios, su espíritu es atemporal, lo que si es necesario es la actualización de nuestro entendimiento y este, se renueva cuando se vive la palabra que da vida eterna, esto se consigue teniendo un corazón sano libre de perjuicios y dogmatismos trasnochados por muy diversas causas. (Mateo 18: 3-4). 3y dijo: “3Yo os aseguro: si no cambiáis y os hacéis como los niños, no entraréis en el Reino de los Cielos. 4.Así pues, quien se haga pequeño como este niño, ése es el mayor en el Reino de los Cielos.”
No es cuestión de ser un erudito de tal o cual doctorado o tema, es dejarse llevar por la brisa luminosa del Espíritu. Es dejar de ser yo y yo, y nada más que yo, cuando dejamos de ser yo, es el Espíritu Santo quien ilumina nuestras oscuras cavernas, es la luz la que da el entendimiento de esa “oscuridad luminosa”, oculta a los carroñeros. Dejemos a Dios que haga de Dios, y, hacer siempre su santa voluntad aquí, y ahora.
“Señor, enséñame tus caminos, instrúyeme en tus sendas: haz que camine con lealtad; enséñame, porque tú eres mi Dios y Salvador.”
¿Somos reflejos de Cristo?
Cristo es la luz que ilumina nuestros pasos, es la imagen del Padre incrustada en nuestra alma o espíritu. Si somos capaces de vivir esta realidad, nos convertiremos en proyector o espejo que refleja su luz y su palabra. Cristo, es la cumbre de nuestro proyecto, cuando vivimos en Él, es Él quien actúa a través nuestro, nada es más bello que poder decir que realmente Dios vive en mi y yo en Él. “Tengo los ojos puestos en el Señor, porque El saca mis pies de la red.”
Yo soy la cruz, y el crucificado en ella
Mi cuerpo es mi cruz, y mi yo es su voz. Mi espíritu está en ti, se que he de transitar por este camino de espinas y de rosas. Muerto en vida camino hasta que mi muerte se transforme en vida. Crucificado con migo en la cruz de mi cuerpo, alcanzar la vida espero. Solo la esperanza me acompaña, esperando que mi muerte se torne en vida, en Ti quiero vivir porque, esta vida no es mía, por eso, en Ti espero para que, mi muerte se transforme en Ti que eres luz y vida, vida que tanto ansío y espero. Quiero fundirme contigo en nuestra cruz, para resucitar de entre los vivos muertos. “Porque vivo en Ti Señor, mira mis trabajos y mis penas, y perdona todos mis desvaríos; mira en mí cuántos enemigos tengo, que me detestan con odio cruel, transformando mi cuerpo en nuestra cruz, en la cual junto a mí, Tú, también padeces.” Por el honor de tu nombre, Señor, perdona mis culpas, que son muchas.
Muriendo en nuestra cruz, resucitamos en Cristo
Juan 12: 24 y dice: “En verdad, en verdad os digo: si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda él solo; pero si muere, da mucho fruto.” No se refiere a las muertes comunes o como los de esta última pandemia, a las que se refiere este versículo de San Juan; el se refiere a la muerte de nuestros “yoes”, porque no es uno solo yo el que tenemos, son muchos nuestros deseos y apetencias.
Nuestro cuerpo es el tronco del árbol que sustenta la vida del homínido. Tras millones de años de evolución regida por el Creador, a esta especie de homínido le fue asignada un alma o espíritu que dio vida a un nuevo ser creado a la imagen y semejanza de su Creador. A las característica del homínido Dios le añadió el libre albedrío, dotándolo de memoria, entendimiento y voluntad, así dio paso a la aparición sobre la faz de la tierra del homo sapiens.
El cuerpo de este homo sapiens es como, una cruz que mantiene atado al espíritu, son dos naturalezas unidas o fusionada en una, ya que la una no puede existir o vivir sin la otra. El cuerpo tiene sus propios instintos y deseos como cualquier otro animal irracional, pero la parte espiritual también tiene deseos o necesidades que en ocasiones entra en conflicto o contraposición a los de su cuerpo material. Ambas partes tratan de imponerse a la contraria, materia contra espíritu.
En este enfrentamiento por el conflicto entre los deseos y necesidades de materia y espíritu, ambos entes, están crucificados en el tronco o madero del árbol de la vida que da existencia y sentido al homo sapiens, a este enfrentamiento se refería Cristo cuando dijo: “34No penséis que he venido a traer paz a la tierra. No he venido a traer paz, sino espada” (Mateo 10: 34). Es la eterna lucha entre el espíritu del bien y del mal, es la lucha entre ambas energías contrapuestas, positivas y negativas, en definitiva, es el “Yin y el Yang”,
Cuando el homo sapiens o ser humano emprende el camino de perfección, la lucha es constante, cuando la negatividad atrae hacia sí misma a la positividad, para someter su energía anulando su fuerza o voluntad, en este momento comienza una de las múltiples e interminables batallas. Las armas más frecuentes que usan ambas fuerzas son: por una parte, la atracción carnal fuera de los cauces naturales, apetencias vitales en exceso, la ambición en todos sus aspectos, el ansia de poder, todo ello aderezado con el poder de la falsa ilusión y de un larguísimo etc., etc. Por la otra parte, el razonamiento, la voluntad y la persistencia en no cejar en el intento de permanecer en el empeño a no desistir del caminar hasta su culminación. La victoria será alcanzada por la permanente fuerza que emana de la tenacidad y de la voluntad acompañada de una inmensa dosis de amor al prójimo como a sí mismo. No hay rosas sin espinas, ni camino sin dificultad. Este es el permanente estado de vigilia para que no se apague la luz de la fe hasta alcanzar la victoria, es la que nos conducirá a morir así mismo, para que muriendo con Cristo, vivamos eternamente resucitando en Él. Acuérdate de mí con misericordia, por tu bondad, Señor.
El amor y la entrega, nos hace Uno con Dios.
Dónde está Dios hay amor, cuando el amor humano es verdadero, y procede de Dios, nunca se podrá decir con o sin fundamento, que el amor se ha roto o ha caducado, el amor en Dios o con Dios, no tiene fecha de caducidad. El amor al que yo aspiro es un amor sin fin, porque es universal y eterno. Según Einstein, la energía más abundante y poderosa que existe en el universo es el Amor. Conclusión Dios es AMOR. El universo es el mayor espectáculo y la mejor sinfonía compuesta porque, es la manifestación amorosa del infinito Amor de DIOS.
Por eso, cada día intento que, mi entrega a Dios tenga un sentido ascendente, esto implica que no puedo decir que amo a Dios si no amo a mis semejantes, incluyendo a aquellos que más repugnantes se me hacen. En Mateo 22: 37-39 Jesús le respondió:—37El primer mandamiento, y el más importante, es el que dice así: “38Ama a tu Dios con todo lo que piensas y con todo lo que eres.” 39Y el segundo mandamiento en importancia es parecido a ése, y dice así: “Cada uno debe amar a su prójimo como se ama a sí mismo.” Toda la enseñanza de la Biblia se basa en estos dos mandamientos.
Yo intento amar a Dios con todo mi corazón, con toda mi alma y con toda mi mente y a mi prójimo como a mí mismo. ¿Por qué es falso decir que amamos a Dios y no somos capaces de perdonar a nuestros vecinos e incluyendo a nuestros enemigos? A Dios hay que amarle en toda su totalidad, porque su Espíritu se manifiesta en toda su creación, a Dios no se le puede amar en partes Él es el Todo y quiere que se le ame en su Totalidad, aunque no alcancemos a comprender hasta dónde llega la expansión de su amor, por eso cuando lo amemos en su totalidad, seremos Uno en Él, porque cada uno amándolo en su totalidad alcanzará la unión con el Ser del cual procedemos y formamos parte. El fin por el cual fuimos creados, es la unión con Él, es completar el circulo del esplendor de Dios. Si no estuviésemos como ciegos y comprendiésemos la realidad, iríamos hacia el ser Uno en Dios; esta sociedad, anda así como de espalda al que ES. Eso tendrá sus consecuencias, si no enmendamos nuestros caminos hacia la perfección, abrazados a nuestra cruz.