AL QUE CREE, TODO LE ES POSIBLE
4-4-2020
Sábado cuatro de abril de dos mil veinte
Hoy, después de cuarenta días de oración y recogimiento, termina la cuaresma, y mañana entramos en la semana santa, o semana de la pasión de nuestro Señor Jesucristo. El mundo cristiano vive o se supone que vivimos los momentos más angustiado de nuestra redención, culminará el próximo día doce con la gran alegría que nos trae el domingo de resurrección.
Paralelamente estamos inmerso en otra cuarentena que se prolonga con quincena tras quincena. Ya comienza a sentirse la angustia de un largo internamiento forzado en nuestro hogares, aislamiento que va a aflorar un cambio de esta sociedad tan necesitada de amor y tolerancia, que se hacen patentes con los aplausos de las ocho de cada tarde desde nuestros balcones.
En medio de esta angustia que nos oprime, está renaciendo una confianza en Dios, porque, confiamos en Él que nos protege de nuestro externos e internos enemigos, nuestra confianza se fundamenta en la protección divina. A semejanza de Cristo, nosotros esperamos la protección que el Padre ofreció a su Hijo en circunstancias parecidas, pues, también nosotros somos hijos de Dios y heredero de su gracia.
Señor, hoy podemos decir que una gran multitud de enemigos nos acechen e invaden nuestros cuerpos, es el virus del Covid 19, que se expande sobre la faz de la tierra cegando innumerables vidas de hermanos nuestros, te decimos como el salmista: “Señor, confiamos en Ti”, porque Tú eres nuestro escudo de cuantos se levantan contra tu pueblo. Tú mantiene alta nuestra confianza en Ti, “Santísimo Cristo de Chircales, protege al mundo de esta pandemia como defendiste a este pueblo de Valdepeñas de Jaén de las pestes que asolaron en siglos pasados”.
Al igual que recluidos en nuestras casas estamos al resguardo del coronavirus, nuestra confianza en ti Señor, nos protege de todo mal que nos pueda acechar. Con toda seguridad, estamos a salvo confiando plenamente en Ti, gracias, Señor Jesucristo: porque de Ti viene la salvación y la bendición sobre tu pueblo.
Los ritmos de nuestros cuerpos a tono con los ritmos de tu creación, con las estrellas de noche y con el resplandor de tu luz durante el día, esa son nuestras vidas ....Ese es nuestro día, Señor,
Tuyo somos cuando trabajamos y tuyo cuando dormimos; tuyo cuando nos mantenemos de pie en la postura que nos hace hombre y nos permite mirar al cielo, y tuyo cuando nos acostamos, con cansancio en el cuerpo y confianza en el alma, y nos tumbamos sobre la tierra que tú has creado para que nos sostenga durante la vida y nos reciba en la muerte, amparando nuestros cuerpos cuando tú recibas nuestras almas.
Dios de toda confianza, tú eres nuestro escudo y nuestra gloria; podemos acostarnos, dormir y despertar, pues hemos creído en la resurrección de tu Hijo; por eso, no tememos a nuestros enemigos y vivimos en paz.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
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