viernes, 10 de abril de 2020

LA LUZ VENCERÁ



LA LUZ PREVALECERÁ SOBRE LA OSCURIDAD
10-04-2020
EN HOMENAJE A LOS MUERTOS POR EL CORONAVIRUS


La sombra de la muerte cubre los cinco continentes. El miedo acecha desde el dintel hasta lo más recóndito y profundo de nuestras viviendas. Dolor y llanto por nuestros seres queridos que marcharon sin poder ser acompañados en sus últimos momentos, pabellones de hielo convertidos en morgue saturados de cadáveres, dolientes que buscan de morgue en morgue los cuerpos inertes de sus seres queridos, .... desinformación y desorden en temas tan dolorosos. Familias rotas y dispersas por un confinamiento impuesto en son de evitar más tragedias, ocultamiento de la incapacidad de dotar a los sanitarios del material necesario para atender a los afectados para no ser contagiados, dan datos que no cuadran falseando su veracidad, el fin de esta parcialidad de la realidad es en aras de intereses políticos gubernamentales. Todo es como amenazantes nubarrones y oscuridad tras las faltas de previsiones de unos ineptos dirigentes que tratan de ocultar sus verdaderas intenciones políticas. Quieren a una sociedad asustada, quieta y así calladitas, se doblegan las más rebeldes voluntades. Centenares de miles de ciudadanos y personal sanitarios infectados y muchas muertes injustificable por la falta de material de protección necesario para poder atender a los enfermos infectados por el virus covid 19, y un inacabable sinfín Etc. etc.

Este es el breve resumen de una triste realidad vista desde una óptica negra o radical, pero, también se puede ver desde otras perspectivas menos dolorosas o más “alentadoras”. Ejemplo, cada día a las ocho de la tarde el reencuentro entre vecinos de un mismo portal, la fiesta de solidaridad entre balcón y balcones en cada calle, el ingenio que rebosa entre bloque y bloque, es un bello espectáculo de felicitaciones y de buenas acciones .... es el despertar de valores de antaño que parecían extinguidos, es el despertar a las buenas costumbre, a la solidaridad y al respeto entre todos. 

Pero para mí, la visual más expectante es, ver esta tragedia desde una visión espiritual. Porque, nuestra sociedad está entrando en un nuevo paradigma, ahora nada es estable, cambios de corta duración, el escalón entre generaciones contiguas cada vez se reduce más y más. Lo que ayer tenía valor, hoy no vale. Ejemplo: La fe está siendo relegada a puro teatro, la religiosidad va dando paso a actos cívicos vacíos de espiritualidad como son los bautizos, comuniones, bodas y las romerías. En gran proporción las nuevas proles, solo acuden a los templos como requisitos para participar en los bailes y banquetes que después del acto religioso conlleva.

Es posible que esta pandemia sea una advertencia más, cuando el hombre se aparta de Dios, es entonces cuando suelen haber avisos a diversas escalas de nuestra hermana naturaleza. Existen unas leyes en el universo que autorregulan los desequilibrios. Los hombres estamos haciendo mucho daño al equilibrio de nuestro entorno, cuando este llega a un límite preestablecido, entra en acción la autodefensa del orden natural, no es Dios el que nos castiga por tal o cual desorden. Los mares no aguantan más vertidos a su ecosistema, la atmosfera no soporta más polución, o la Amazonía no admite más tala y quema de árboles de este gran pulmón natural de nuestro planeta. Es urgentísimo que el hombre ponga frenos a estas tropelías, mal futuro nos deparan nuestros reiterados crímenes a la madre naturaleza, ésta, desatará una cadena de catástrofe que nos hará retroceder milenios, esta de ahora posiblemente sea una de las siete plagas o copas que el espíritu del mal derramará sobre las faz de la tierra, desde el principio está escrito en el Apocalipsis de San Juan.

Dios nos ama, es un padre que quiere lo mejor para sus hijos, pero estos son a imagen y semejanza de su creador, que nos dotó de plena autonomía, es decir: nos dio libre albedrío, por eso como toda causa tiene sus efectos, nuestros actos producen unas consecuencias buenas o malas, por eso no podemos decir: “Señor, por qué nos castiga de tal o cual forma”, o decimos: “Señor por qué permites estos desastres”. No es Dios quien nos castiga o permite tal o cual desastre. Nuestras causas son las que producen esos efectos destructivos, son efectos de nuestro mal uso de lo que se nos dio para que lo conservemos, el efecto que provocan nuestros actos son los causantes de nuestros males, y no de Dios.

Por nuestra naturaleza humana, no es la primera vez que la humanidad sufre los efectos de sus actos. En el salmo 43, el salmista relata sobre la obra creadora de Dios; el pueblo de Israel en diferentes momentos de su historia se olvidó de Dios, y sufrió sus consecuencias, este salmo comienza así:

Oh Dios, nuestros oídos lo oyeron,
nuestros padres nos lo han contado:
la obra que realizaste en sus días,
en los años remotos......

Ahora por causa de nuestros atropellos a la obra que realizaste, para que, nuestros asentamientos y prosperidad florezcan sobre la tierra, Señor, nos hemos vuelto a olvidar de Ti, como también lo hicieron nuestros ancestrales, hoy las consecuencias de nuestros actos las estamos sufriendo, te suplicamos junto al salmista que nos redima de nuestros errores como él lo hizo, así lo hacemos ahora nosotros:

.... Nuestro aliento se hunde en el polvo,
nuestro vientre está pegado al suelo.
Levántate a socorrernos,
redímenos por tu misericordia.

Cuando está a punto de finalizar este gran día del Amor, en el cual después de acabada la cena, Jesús partió el pan, lo dio a sus discípulos diciendo: Tomad y comer por que ....... acto seguido marchó a orar en el huerto de Getsemaní, lugar donde comenzó su pasión cargando con nuestras culpas por Amor, y por su aceptación voluntaria para que se cumplieran las escrituras. No hay amor más grande que aquel que da su vida por salvar a sus hermanos. A muchos Cristos hemos vistos y estamos viendo en estos días. Cuántos médicos, enfermeros/as, agentes del orden público y miembros del ejército, profesionales cuyo trabajo es básico para que todo funcione y un largo número de personas anónimas expuestas a infectarse por socorrer al necesitado. Muchos han dado sus vidas por los demás, todos ellos se han revestidos con la túnica de gloria. Como dice el Papa Francisco “son los nuevos santos de la puerta de al lado”, demos gloria a Dios. Es tiempo de purificación. Oremos y estemos atentos para que la luz no se apague y prevalezca sobre la oscuridad.

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