A
ti, Madre del Carmelo
16-07-2014
Salve Reina de los mares, esperanza y
madre, del Redentor cuna, estrella y guía de desvalidos y caminantes, energía
que vitaliza a los agotados navegantes, estrella luz y refugio en el umbral de
la vida, hoy cogido de tus manos me entrego a ti para que me ofrezca al Padre.
Sé que entiende mi largo silencio, mi
amor por ti sigue ardiendo, en un rincón del alma guardé los bellos recuerdos
que de ti tengo; con frecuencia se aparca lo que seguro se tiene, yo te he
aparcado por así decir, tu Hijo me llamaba y como si no quisiera oír, viví una
vida muerta y tras su insistencia a Él acudí, he necesitado tiempo para reparar
entuertos, ahora en mejores momentos, hoy madre del Carmelo yo regreso y me
ofrezco a ti, ahora reclamo tus cuidados para retocar las partes olvidadas y bellas,
solo las madres tenéis la delicadeza angelical de dar luz y belleza a rincones olvidados
del hogar, aún me quedan muchas telarañas que quitar, ¡ayúdame madre!, es hora
de acudir de vez en cuando a tu regazo maternal, se que estabas deseando ver
llegar este momento, para rescatar del fondo del baúl a los mejores amores y
recuerdos, hoy madre ya no eres amores y recuerdos, ahora eres mi amor del
presente y del futuro transformado en un eterno presente.
Espero no se repitan las pataletas del
niño caprichoso, malhumorado y con resentimientos de defraudado; es hora de dar
vida a la vida junto al manantial inagotable, madre, ablanda mi endurecido
corazón para poder aumentar con mis lágrimas el caudal que emana de esa fuente de amor que es,
dar vida con nuestra muerte para que no sea yo quien en mi viva, sino que Jesús
viva y perdure en nosotros y por nosotros en cuerpos redimidos por su infinito
amor.
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