INTRODUCCIÓN
al Cap. XXI :
Entonces el hombre ya tiene un nuevo cielo y una nueva
tierra o un cuerpo perfecto espiritual y físicamente. Su cuerpo es la Ciudad
Santa que descendió del Cielo y Dios mora en él.
Desaparecen las lágrimas de sus ojos y la muerte no
será más, porque el hombre llega a la Unión Consciente con su Dios Íntimo.
El cuerpo o materia física se espiritualiza y será la
esposa del Cristo.
Y la ciudad Santa tendrá la luz del Íntimo. Tendrá el
poder de las doce facultades del Espíritu y todos los <flujos> ángeles
trabajaran en la Gran obra del Señor.
“Sus puertas estarán siempre abiertas al saber”, “en
ella no entrará más cosa sucia o que hace abominación y mentira”.
Cap. XXI
Cielo
nuevo y tierra nueva
21:1 Vi un cielo nuevo (Súper-conciencia del Yo Soy) y una tierra nueva (un cuerpo perfecto y puro); porque el primer cielo (la conciencia
emotiva) y la primera tierra (el
plano físico inferior con sus atracciones) pasaron,
y el mar (el mundo de los deseos) ya
no existía más.
21:2 Y yo Juan (Conciencia del iniciado en estos misterios) vi la santa ciudad (el cuerpo perfecto
del Iniciado con todos sus vehículos depurados y sus <siete iglesias> centros
energéticos o <flujos> dinamizados), la
nueva Jerusalén (ciudad de paz), descender
del cielo de Dios, dispuesta como una esposa ataviada para su marido (la
naturaleza del cuerpo preparada para recibir al Yo soy y unirse con él).
21:3 Y oí una gran voz del cielo que decía:
He aquí el tabernáculo de Dios (el
cuerpo puro en la séptima encarnación; se toma cada conquista de cada centro
energético o iglesia como nueva encarnación, verdaderamente para que el
iniciado se convierta en vencedor, cada centro debe de morir a si mismo y se ha
de encarna en un nuevo centro de Luz) con
los hombres, y él morará con ellos; y ellos serán su pueblo, Dios mismo estará
con ellos como su Dios (porque el hombre ya es un Nuevo Universo y Nuevo
Cielo por la evolución espiritual).
21:4 Enjugará Dios toda lágrima de los ojos
de ellos (porque ya no hay dolor
causado por el error); y ya no habrá
muerte (porque el neófito ha alcanzado con éxito su Iniciación) ni habrá más llanto, ni clamor, ni dolor;
porque las primeras cosas pasaron (los primeros sufrimientos de la vida
inferior están eliminados).
21:5 Y el que estaba sentado en el trono (el Padre Triunfante en el hombre) dijo: He aquí, yo hago nuevas todas las
cosas (yo rijo y domino la materia física). Y me dijo: Escribe (Retén en tu memoria), porque estas palabras son fieles y verdaderas.
21:6 Y me dijo: Hecho está (ya ha nacido en el hombre). Yo Soy el Alfa y la Omega (la fuente de la vida y su meta), al que tuviere sed (de justicia y
bondad), yo le daré gratuitamente de la
fuente del agua de la vida.
21:7 El que venciere (en la iniciación interna, en su evolución para
llegar a la unión conmigo) heredará
todas las cosas, y yo seré su Dios, y él será mi hijo.
21:8 Pero los cobardes e incrédulos, los
abominables y homicidas, los fornicarios y hechiceros, los idólatras y todos
los mentirosos (a todos los hombres y
<flujos> viles) tendrán su parte
en el lago que arde con fuego y azufre,
que es la muerte segunda (y así se descompondrá el cuerpo de deseos en su
fuego original y se separará del hombre la mente carnal o conciencia personal).
La
nueva Jerusalén
21:9 Vino entonces a mí uno de los siete
ángeles que tenían las siete copas llenas de las siete plagas postreras (la divinidad del Centro Coronario o Iglesia de
Laodicea), y habló conmigo diciendo: Ven
acá, yo te mostraré la esposada (la forma cuerpo), la esposa del Cordero (que debe desposar y unirse al Cristo).
21:10 Y me llevó en Espíritu (en trance) a
un monte grande y alto (a la cabeza) y
me mostró la gran ciudad santa de Jerusalén (el cuerpo puro), que descendía del cielo, de Dios,
21:11 teniendo la gloria de Dios (la Luz inefable del Omnipotente): y su fulgor era semejante a una piedra
preciosísima, como piedra jaspe, diáfana como el cristal (Esto es que su
aura de Gloria emana destellos de luz, como los rayos emanados del jaspe o
cualquier diamante, cuya aura es blanca, aunque con destellos de los siete
colores del sol).
21:12 Tenia un muro grande y alto (que es el aura de la ciudad cuerpo) con doce puertas (doce orificios del
cuerpo que son dos ojos, dos orejas, dos ventanillas de la nariz, una boca, dos
mamarias, un ombligo un órgano sexual y un ano); y en las puertas, doce Ángeles, y nombres escritos (los doce
Ángeles son las doce grandes jerarquías creadoras, por medio de los doce
Ángeles, en las doce puertas del cuerpo humano. Son ellos los que han activado
el trabajo de la evolución de todos los periodos pasados. Cada uno de ellos
tiene su influencia sobre una puerta del cuerpo físico) que son los de las doce tribus (divisiones) de los hijos de Israel (del luchador que, sobre el plano de las
fuerzas, obtiene la conquista del Universo);
21:13 al Oriente tres puertas; al norte tres
puertas; al sur, tres puertas; y al occidente tres puertas; (estas doce fuerzas cósmicas dinamizadas por la
Energía Creadora del sexo, despiertan en el cerebro sus centros respectivos,
divididos en cuatro triadas; tres por la frente, tres por el cerebro frontal
izquierdo, tres por el frontal derecho y tres por la parte posterior del
cerebro).
21:14 Y el muro de la ciudad (o el aura psíquica del cuerpo) tenia doce cimientos (doce facultades o fuerzas cósmicas del
Espíritu), y sobre ellos los doce
nombres de los doce apóstoles del Cordero (que son los:
DISCÍPULOS DEL GLÁNDULAS o FACULTADES CÓSMICAS
CORDERO LÓBULOS DEL ESPÍRITU
Pedro Pineal Fe
Andrés Suprarrenales Fortaleza
Santiago Páncreas Acierto
Juan Timo Amor
Felipe Tiroides Poder
Bartolomé Pituitaria Imaginación
Tomás Centro
Frontal Derecho Sabiduría
Mateo Centro
Frontal Izquierdo Voluntad
Simón Cananita Apéndice Orden
Santiago Posterior
del Cerebro Celo
Judas Tadeo Sacro Eliminación
Judas Iscariote Glándulas
sexuales Vida
El gran centro de todo este sistema está
en la cabeza en donde se manifiesta y reina el Yo Soy. Es la montaña de todos
los profetas, a donde iban a adorar, en retiro, para llegar a la unión con Dios
Íntimo. De manera que los doce apóstoles simbolizan las doce jerarquías que
gobiernan los doce centros del Sistema Simpático, para la manifestación del
Cristo en la segunda venida, que simboliza la Iniciación Interna).
21:15 El que hablaba conmigo (la divinidad) tenia
una caña de medir (El Sistema Nervioso), de oro (aura solar) para
medir la ciudad (el cuerpo), sus
puertas y su muro.
21:16 La ciudad (cuerpo) se
halla establecida en cuadro (en cruz, que simboliza la forma humana), y su longitud es igual a su anchura (el
cuerpo con los brazos en forma de cruz mide igual tanto de largo como de
ancho); y él midió la ciudad con la
caña, doce mil estadios (esto es, cuando las doce facultades cósmicas se
dinamizan y se desarrollan en el hombre, ellos mismos serán los que miden y
aquilatan el valor espiritual del ser humano); la longitud, la altura y la anchura de ella son iguales (porque el
aura espiritual será uniforme en todas sus dimensiones).
21:17 Y midió su muro (aura), ciento
cuarenta y cuatro codos (1 + 4 + 4 = 9 la medida del hombre perfecto) de medida de hombre (el No. 9 es el
número de la humanidad o del Hombre-Dios), la
cual es del ángel.
21:18 El material de su muro era de jaspe (el color de su aureola era blanco que reflejaba los
siete colores); pero la ciudad era de
oro puro (color transparente de fuerzas solares que corresponde a lo
positivo), semejante al vidrio limpio;
21:19 y los cimientos (fuerzas o facultades del espíritu, desarrolladas y
purificadas) del muro (del aura) de la ciudad (cuerpo) estaban adornados con toda piedra preciosa
(toda facultad desarrollada, emanaba un color limpio que semejaba al brillo de
una de las piedras preciosas). El primer
cimiento (o fuerza cósmica) era
jaspe (fuerza magnética, simpatía y atracción) el segundo, zafiro (Paz del alma: devoción); el tercero, ágata (Superación); el cuarto, esmeralda (castidad y clarividencia);
21:20 el quinto, ónice (altruismo); el
sexto, cornalina (equidad); el
séptimo, crisólito (alegría y salud); el
octavo, berilo (ingenio); el noveno,
topacio (lógica y profecía); el
décimo, crisopraso (armonía y concordancia); el undécimo, jacinto (bondad y buen humor); el duodécimo, amatista (carácter púdico. Cada virtud de las doce
fuerzas espirituales emana una radiación coloreada y su cualidad determina el
color; estos colores en el aura forman la escala de todas las facultades del
Espíritu, que envuelve o circunda el trono de Dios).
21:21 Las doce puertas eran doce perlas (símbolos de la pureza y de la virtud, porque según
la tradición la concha encierra dentro de si misma, en el roció celeste, el
primer rayo del sol y el último de la transparente luna y las palidecientes
estrellas. A esas fuerzas celestes se debe la perla, y también se ha tomado a
esta en su concha como emblema de la Inmaculada Concepción); cada
una de las puertas era de una perla (concebida por las fuerzas Cósmicas). Y la calle de la ciudad (calle
principal de la ciudad, el cordón espinal) era
de oro puro (de fuerzas solares o de donde nace el Sol espiritual), transparente como vidrio.
21:22 Y no vi en ella templo; porque el Señor
Dios Todopoderoso es el templo de ella, y el Cordero. (Todo el cuerpo tan puro se convierte en su
totalidad, en templo del Íntimo).
21:23 La ciudad no tiene necesidad de sol (físico o intelecto) ni de luna que brillen en ella; porque la gloria de Dios (es la
Sabiduría Divina), y el Cordero es su
lumbrera.
21:24 Y las naciones que hubieren sido salvas (los <flujos> de luz redimidos) andarán a la luz de ella: Y los reyes de la
tierra (las fuerzas nerviosas del Sistema Simpático) traerán su gloria y honor a ella.
21:25 Sus puertas (lóbulos, glándulas) nunca serán cerradas de día, porque allí no habrá noche (la
ignorancia).
21:26
Y llevarán la gloria y la honra de las naciones a ella.
21:27
No entrará en ella ninguna cosa inmunda (porque está defendida por su aura de luz Divina), o que hace abominación y mentira
(porque el Enemigo Secreto está ya recluido y devorado por su propio fuego
consumador y no entrará en ella), sino
solamente los que están inscritos en el libro de la Vida del Cordero (los
<flujos> de luz que acompañaron al Cristo en su Crucifixión sobre la
materia cuerpo).
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